En la foto del beso más famoso del mundo había una tercera en discordia

El 14 de agosto de 1945, el prusiano Alfred Eisenstaed decidió apretar el obturador de su Leica o Rolleiflex (adoraba usar cámaras pequeñas para el ejercicio de su profesión) y fue el autor de la fotografía que quedó registrada para la inmortalidad como el festejo en Times Square por el final de la Segunda Guerra Mundial. Los protagonistas eran dos perfectos desconocidos: él, vestido de militar y ella llevaba puesto su uniforme de enfermera, ya que se desempeñaba como asistente de un odontólogo. Cruzaron sus miradas y se dieron un beso lejano a un contenido sexual, pero sí emparentado con la alegría del punto final a tanta angustia.

Imagen que captó la cámara de Alfred Eisenstaed

George Mendonca y Greta Zimmer Friedman (nacida en Austria y que en 1939 llegó a los Estados Unidos) fueron los protagonistas del famoso ósculo. Pero a pocos metros de esa apasionada pareja se encontraba Rita Petry, de tan sólo 20 años, que había acompañado a George (regresado por unos días de su destino en Filipinas) a un cine de Radio City, a pocas cuadras de Times Square. Incluso no llegaron a ver el final de “A bell for Adamo”, porque al interior del lugar llegaban los gritos de alegría por el final de la contienda bélica.

La pareja salió del cine y juntos llegaron hasta un pub, donde las copas soltaron a Mendonca más de la cuenta. Caminaron unas cuadras hasta el lugar donde se estaba festejando. Ahí fue cuando se topó con la mirada de Greta. La tomó por la cintura, la inclinó hacia atrás y la besó delante de quien sería su futura y sonrojada esposa. Tanta fue la fogosidad que Rita Petry, ante la imagen fotográfica y años después, expresó: “Nunca George me besó así”.

Pero otra curiosidad rodeó la famosa imagen: fue tomada el 14 de agosto de 1945 pero recién en 1980 fue portada de la revista Life, donde Eisenstaed publicó a lo largo de su vida (nació en 1898 y falleció en 1995) unas cien tapas de la prestigiosa publicación y unas 10.000 fotografías en total. Pero no era un desconocido, ya que había retratado a Hitler, Mussolini y Goebbels entre otros, y no quería que su vida fuera la fotografía. Claro, hasta que vendió -y muy bien- la primera para convertirse en uno de los mejores 50 profesionales de la historia.

Ya dijimos que Eisenstaed usaba máquinas pequeñas. Por eso no le resultó difícil hacer cuatro tomas del famoso beso en apenas segundos y retratarlos para la inmortalidad.

La cámara de Victor Jorgensen retrató “Kissing the war goodbye”

Pero siguiendo con la historia, cuando se publicó la imagen un total de 14 personas (11 hombres y tres mujeres) dijeron ser los protagonistas.

También, se conoció que otra cámara los había retratado. Victor Jorgensen, que trabajaba para la Marina de los Estados Unidos, llegó a disparar a tiempo y así pudo retratar el beso. Esa imagen fue publicada por New York Times que la tituló bajó el “Kissing the war goodbye”.

El trío de George, Greta y Alfred pasaron a la historia, igual que el día del retrato. El entorno, los datos curiosos, los protagonistas, la tercera en discordia no empañaron un nuevo encuentro muchos años después. Pero ese beso pasó a la historia mientras que sus ignotos protagonistas siguieron sus vidas como si nada hubiese ocurrido

Marcelo Pensa – Periodista
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