Aprender a manejar: liberarse de los miedos y saldar una meta pendiente

Las recomendaciones de expertas en enseñanza de manejo para las mujeres dispuestas a vencer sus temores y a estrenar su libreta para conducir.

Luly Dietrich, fundadora de Mujeres al Volante – Credito:  Connie Dietrich

Si se habla de aprender a manejar un auto, “la pandemia fue para muchas mujeres la gota que rebalsó el vaso y que las llevó a clarificar esa necesidad”.

La frase es de Luly Dietrich, la creadora de la comunidad Mujeres al Volante que en Instagram tiene 76.000 seguidoras y que motiva a que más de nosotras estemos en el asiento de conductoras.

Porque con las precauciones para prevenir el contagio del COVID, rutinas cambiantes y las restricciones en el uso del transporte público; la posibilidad de ir en un auto propio se volvió una solución imbatible. 

“El auto es como un monoambiente. Ante la amenaza del virus, hubo más demanda para poder usarlo”, resume Vilma Azcurra, instructora de manejo desde hace 30 años y con su propia academia en la Ciudad de Buenos Aires.

También, agrega Luly, hubo quienes en estos últimos tiempos tuvieron su momento de replanteo de cuentas pendientes. Y el uso del auto estuvo en esos ítems.

Las mudanzas a zonas más alejadas, otro punto que aceleró esta decisión.

La muestra es que después de la cuarentena más estricta de 2020 -cuando distintos rubros volvieron al ruedo- los pedidos de clases en lasacademias de manejo se triplicaron y el número de mujeres que sacaron su licencia como principiantes tuvo una tendencia en ascenso.

Este último dato es alentador ya que en Argentina -y América Latina en general-, “el 27 por ciento del total de las licencias de conducir son de mujeres. Mientras que en Estados Unidos el 54 por ciento tiene registro”, diferencia Luly.

Por otro lado, muchas de nosotras que tenían su registro casi sin estrenar comenzaron de a poco a afianzarse al volante.

Lorena Prado: con licencia de conducir flamante, en pleno embarazo.

¿Por qué aprender a manejar?

Entre las razones para ser conductoras, la autonomía es la respuesta obligada. O, en el caso de las mamás, la simplificación en la organización familiar.

Pero Luly Dietrich también incluye las ventajas laborales. “Es un requisito para muchos trabajos. Para puestos que antes eran ocupados por hombres, las empresas buscan ahora convocar mujeres y que sepan manejar. También es fundamental para las emprendedoras”, puntualiza.

Un punto extra que recomienda Luly es no esperar a tener el auto para aprender. “Nunca se sabe cuándo se puede necesitar o si en un trabajo te brindarán un vehículo”.

Vilma Azcurra, instructora de manejo y creadora de su escuela

Sacarle la traba al volante

Sin embargo, los temores, mitos y mandatos limitantes pueden actuar como freno de mano. “El auto puede ser visto como un símbolo de libertad, o como un facilitador de miedos profundos y productor de fantasías”, distingue Vilma, que luego de encontrar su propósito como instructora de manejo se lanzó a estudiar la carrera de psicología y así impulsar a más alumnas y alumnos.

“Me gusta decir que ayudo a abrir puertas para que otros aprendan a manejar y a llevar la caótica cultura del tránsito. Los acompaño y escucho sus deseos”.

Su propia experiencia es motivadora. Sacó su registro a los 30, en un momento en que para el afuera “era grande” -y había más reglas impuestas. “Sentí que era la hora de asumir que no le podía echar la culpa a nadie por no manejar”.

Al poco tiempo, una amiga no se animaba a sacar el auto y le pidió que la acompañara a practicar. Luego, empezó a recomendarla para que hiciera lo mismo con más mujeres en esa instancia. “A los diez años de mi aprendizaje, estaba enseñando”, cuenta.

Sobre los puntos para largarse al volante, Vilma recalca elegir bien quién será la persona que enseñe. La comprensión, el contacto y la confianza no pueden faltar.

“Habrá correcciones. Pero una cosa es hacerlas con agresividad y otra, con empatía”.

También practicar y practicar, antes de sacar el registro y con la licencia en mano. “Hay un momento en que se pasa la mitad del río y se visualiza la otra orilla. Me gusta ver cuando sucede y la transformación de la persona. Esto para mí no es solo un medio para ganarme la vida”, dice.

Deseo sin vencimiento

Además, las dos expertas recalcan que no hay una edad límite para aprender. “Una fantasía errónea es que pasados los 40 una persona no tiene reflejos. Si no tiene una situación particular de salud, los reflejos primarios están. He tenido personas de más de 60 que aprendieron. Se plantearon a sí mismas que era ahí o nunca”.

“Aprender algo nuevo siempre es bienvenido. Genera nuevas destrezas, rejuvenece las neuronas. Nunca es tarde”, agrega Luly.

Misión cumplida

Lorena Prado -abogada, de 44 años y con un registro reciente- cuenta que de muy joven había intentado aprender. “Pero no sé por qué abandoné. Con la idea de tener más libertad, volvió a su deseo. Me imaginaba manejando con los pelos al viento”, cuenta.

Hizo el curso y cuando estaba lista para rendir el examen llegó la cuarentena. “Al retomar las actividades, empecé a sentir inseguridades que antes no tenía. Las trabajé en un curso especial y en clases de refuerzo”.

En ese tramo, quedó embarazada y la primera etapa requirió de algunos cuidados. Hasta que todo se normalizó y con su panza de siete meses, fue a rendir el examen.

“Cuando me dieron la licencia, sentí una sensación de superación, adrenalina y libertad enormes. Era mi asignatura pendiente y la cumplí. Me volví a soñar manejando con los pelos al viento”, concluye.

Por Luciana Fava 

@favaluciana

Foto portada créditos: freepics

 
 
 
 
publi-abajo-notas
Compartir esto...
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Email this to someone
email