Beatriz Goyoaga y El Arte de Vivir: “La meditación tiene beneficios inmediatos”

Beatriz Goyoaga y El Arte de Vivir: “La meditación tiene beneficios inmediatos”

Mas ande otro criollo pasa Martín Fierro ha de pasar, Nada la hace recular Ni las fantasmas lo espantan; Y dende que todos cantan Yo también quiero cantar.

Hasta que Beatriz Goyoaga –coordinadora para Latinoamérica de El Arte de Vivir- se topó con la meditación y la respiración sostenía una vida con mucha adrenalina, estrés y en la búsqueda constante de algo más.

Como periodista de políticas y finanzas, llegó a manejar 14 corresponsalías y entrevistó hasta a Nelson Mandela y la reina de Inglaterra.

Además, en esa necesidad de ir más allá, se enroló en cuanto desafío físico e intelectual pudo. Nadó en arrecifes de corales, escaló dos veces el Everest, estuvo sola en Siberia, estudió nueve años chino y vivió en siete países hasta que eligió Argentina.

La respuesta a sus inquietudes llegó, sin embargo, por casualidad hace 22 años.

“Mi marido era muy estudioso y se interesaba por lo que estuviera relacionado con Oriente. Así fue como me llevó al teatro San Martín, a la primera conferencia en Buenos Aires de Sri Sri Ravi Shankar -el fundador de El Arte de Vivir. Fui para acompañarlo. De la meditación, lo menos que pensaba era que se trataba de estar con un porrito debajo de un sauce”.

Experimentó, de todas maneras, un alerta positivo. “A través de la respiración, sentí la mente como un quirófano. Fue un silencio maravilloso”.

A la salida ofrecían el programa para el manejo del estrés y se lanzó a anotarse. Aunque el match no fue inmediato. “El primer día me quería ir. Pensé: esto es una americanada. Mi marido me dijo: hemos pagado, sigamos. Lo revelador fue de nuevo a través de la respiración. Un proceso de una hora que me transportó a un espacio maravilloso. Si las leyes para la vida son tener un hijo, escribir un libro, plantar un árbol, yo agregaría experimentar esa respiración alguna vez”.

Fiel a su esencia de comunicadora, “salí diciendo: esto lo tienen que conocer otros”.

Continuó como voluntaria en la fundación y empezó a prepararse como instructora. Por sus cursos, calcula que pasaron 47.000 personas.

“Yo soy al pan, pan, y al vino, vino. Y he visto cambios sorprendentes en personas de todos los andariveles de la vida -desde empresarios hasta gente en situación de calle o en cárceles”.

¿Cómo definirías esa transformación?

Es una voz interna que te dice: es por acá. A mí me dijo: esto es lo que vos buscabas. Siempre indagué el motivo de mi vida y encontré que no está en correr detrás del éxito o en vivir estresada. Creo que la vida tiene un valor y que tenemos que entender qué estamos haciendo aquí.

La prueba personal más inmensa para Beatriz fue hace siete años. En unas vacaciones en Europa con su marido, él empezó a sentirse muy mal, y esa misma noche murió.

“Enfrenté el dolor con mi única fuerza y sin tener a nadie que me agarrara la mano. Me despedí de él con mucho amor. Luego, le escribí a mis seres queridos: ‘Pude ver la belleza de la muerte’. En otra época hubiera tomado dos gin tonic, para sacarme del medio, por tal desgarro. Ni yo misma me doy crédito por ese momento”.

Su día a día

Sobre su rutina, Beatriz cuenta: “Todas las mañanas me ducho, me lavo los dientes y lavo la mente. Me siento en mi cama, en pijama, sin darle cuenta a nadie, y hago mi meditación. Lo mismo antes del hambre de la noche”.

“Esos 20 minutos de la mañana y a la tarde no me los quita nadie. Porque los beneficios se cosechan y son inmediatos”.

¿Cuál es esa gran ganancia?: “Un equilibrio que antes no tenía”.

También cuenta que, a partir de la meditación, “la felicidad se ha vuelto un estado de conciencia y no de ánimo. Soy una mujer feliz, acepto lo que me toca, que es lo mismo que a todos”.

También adoptó una alimentación vegetariana, “me hace sentir más saludable”.

“En el resto, sigo igual. Tengo una rutina muy activa. Soy muy urbana. Me gusta ir a comer a restaurantes, los varones lindos, hacer deporte, la naturaleza, disfruto de arreglar mi casa. No es que ahora me sienta a esperar que Saturno no se qué”.

Una de las fórmulas que promovés es darse una tregua, ¿cómo definirías esto?

En el estado feliz de la mente, están esas treguas. Porque ayudan a elevar el nivel de energía. Con la energía alta, podés sentirte campeona. Entonces, si te apetece ver un video, miralo; deseas tomar un cafecito con una amiga, hazlo. Todos los días debes ocuparte de las cosas que te hacen feliz. No ser robot de la familia, el trabajo, la empresa. En la pandemia, muchas personas comenzaron a advertir que la vida no es comer, dormir, trabajar, comer, dormir, trabajar.

 ¿Cuál es el comienzo para una transformación interior?

El primer paso es la necesidad de cambio. Yo lo buscaba, lo buscaba, y no sabía dónde. Después, aprender las técnicas de meditación y respiración, que permiten limpiar toxinas. Hay cursos y también videos en Youtube. El tercero, no aflojar. Porque cuando te vence la pereza, no va. Igual que con la dieta. La constancia y la perseverancia pagan. Los placeres que dan resultado a largo plazo al principio cuestan. Otros, prometen y después te cobran altos impuestos. Por ejemplo, las drogas.

Además, Beatriz, recalca, la importancia de ser responsable de los propios sentimientos y “no buscar un perchero donde colgar las chaquetas”.

  

*Para brindar herramientas de ayuda y contención al personal de salud, la Fundación El Arte de Vivir ofrecerá de cortesía el taller online Aliviarte, con técnicas de relajación y respiración. La convocatoria es el 26 de abril, a las 20. En 2020, se estima que 40.000 personas recibieron asistencia gratuita de El Arte de Vivir. Consultas: aliviarte@elartedevivir.org. 

Más info: https://www.artofliving.org/ar-es

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Luciana Fava

@favaluciana
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