La autora estupenda

Nos referimos a Elena Ferrante, seudónimo de una escritora italiana (¿o escritor?, ¿o escritores?) de éxito internacional.

Tal vez la palabra “estupenda” le quede chica. Tal vez los traductores del mundo, unidos, no han podido encontrar la palabra justa para la amiga geniale de la que nos habla Elena Ferrante en su tetralogía sublime Dos Amigas. Ni para ella misma.

La intrigante Ferrante (porque nunca nadie la ha visto) nos lleva a un mundo lejano, pero como de acá nomás. Nos narra -nos muestra- una Nápoles de postguerra, devenida en el universo fantástico de mujeres que se van quedando solas -y se vuelven un poco locas- y se agarran de los pelos en los patios de las casas, se arrastran por las escaleras y velan a sus maridos en las camas matrimoniales.

Nos lleva, con su impecable hilo narrativo, al corazón de dos niñas que se van haciendo mujeres en ese mundo tan hostil. Pero que, a pesar de eso, se abren caminos a los codazos, trasmutan para confundirse entre la gente, se arremangan en los trabajos, se acodan en los pupitres, se bañan en las aguas claras del Mediterráneo y esperan pacientes que la lava interna de su espíritu vesubiano, aflore, y las libere -o las condene.

Y en este trayecto literario, la autora también escarba profundamente en las almas oscuras del mundo de los hombres y traza masculinidades obscenas, violentas, excesivamente napolitanas, pendencieras, extraviadas, lastimosas y crueles. Hombres de todos los tipos que van quedando desdibujados en el relato de la vida de Lenu y Lila, las dos amigas que dan vida a esta historia.

Lila es flaca, morena, desgarbada, atrevida, parece enojada, no se conforma con nada, es la mejor de la clase, desafía a los niños y subyuga a las niñas. Lila es a lo largo de su historia, amada, golpeada, abandonada, idolatrada, envidiada, temida, destruida, porque Lila es demasiado genial y eso, a veces, es imperdonable.

Lenu quiere ser su amiga, la admira, la elige porque Lila tiene un poder innegable sobre ella, sobre todos y, sobre todo, aun a pesar de ella misma. Y en esta amistad, se van dejando llevar, sus soledades no ofrecen resistencia y así van atravesando la niñez, la adolescencia, el amor, el desamor, la pobreza, la vida intramuros que empieza y quiere despertar y ver el mar.

La amiga estupenda es el primer libro de la saga. Le siguen “Un mal nombre”, “Las deudas del cuerpo” y “La niña perdida” (en la traducción al español)  y van construyendo un retrato de niñas y mujeres de otra época, mujeres valientes que fueron cambiando el curso de sus vidas y torciendo el destino que les estaba fijado.

Y para esto Ferrante recurre al escenario perfecto de la Nápoles de sus recuerdos, y nos la cuenta con maestría y amor, aun cuando nos cuente dolor. En esos fragmentos se escapa a su yo más profundo y abre su corazón napolitano, rebosante de dialecto y de esa violencia ancestral que se les metió en la piel -a ella y sus criaturas- para que no nos queden dudas de que en nuestros orígenes y en nuestra historia está la respuesta de nuestro presente y la posibilidad de un futuro.

Daniela Mandriotti
Periodista

Crédito foto portada: pexels

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