Valeria Schapira: “A los 50, quien no sume, dos besitos y que circule”

Reflexiones de la periodista, speaker y escritora especializada en vínculos sobre el cambio de década y el valor de rediseñar la vida.

 

Valeria Schapira recibió sus 50 años, este febrero, en la Antártida, un día con 20 grados y un cielo azul intenso. 

Ese fue todo un signo para ella que en los tiempos anteriores a esa fecha “empecé a darle más bola a mi intuición” -cuenta en la charla con Boleo Magazine– y que esa sea su brújula.

“Viajé mucho últimamente como parte de mi publicación  @viajosolaoficial. En noviembre de 2019, me invitaron a Toronto. Me ofrecieron que fuera cuando hiciera más calor y yo dije: no sé qué va a pasar el año que viene, voy ahora, a pesar de los 15 grados bajo cero que encontraría. Mirá si seré bruja”. 

En el vuelo de vuelta, quedó atrapada con la película “¿Dónde estás Bernadette?” -la historia de una mujer que decide irse sola a la Antártida para reconectar con su pasión. 

Fantaseó desde ese instante con pasar ahí su cambio de década y después buscó el camino para que se hiciera realidad. El puntapié inicial fue un tweet que se volvió medio viral y siguió con varios mails enfocados en su propuesta y background. “De esta forma me suceden cosas geniales”.  

– ¿Esto es parte de un proceso tuyo?

–  No me va el pregón de ‘la espiritual’. Pero hace seis o siete años tuve una crisis fuerte por un desengaño sentimental. Un desengaño mío. Porque era una historia que evidentemente no podía ser. En realidad, vivo de crisis en crisis. ¡Y las celebro! Porque siempre salgo en versión mejorada (se ríe). A partir de ese momento empecé a intentar a ir un poco más allá en mis sensaciones. Me llegó una necesidad de decirme: flaca, hasta acá no te escuchaste, empezá a trabajar internamente.

Así fue que se acercó a la meditación, el reiki, las sesiones de constelaciones familiares, la biodecodificación y hasta viajó a Letonia a reconstruir su árbol familiar. “De las llamadas terapias alternativas, hice las que se te ocurran. Me voy quedando con lo que me nutre”. 

La percepción del ritmo acelerado del paso del tiempo fue otra de sus alarmas. “A los 34, me vine de Rosario a Buenos Aires. Me sentía vieja a esa edad. Y los 34 a los 50 pasaron como una ráfaga. Pensé: cuando me quiera acordar voy a tener 60 y pico y entonces, quiero a esta naranja -la vida- exprimirla hasta la última gota”. 

Parte de esa búsqueda y de su aprendizaje condimentan sus “Tertulias del Buen Amor” -los encuentros que empezaron en salas de teatro y los sábados a la noche de cuarentena realiza online- “hago un popurrí de todo esto”. 

También sobrevuelan en su nuevo libro “Hola 50″, una guía para tu nueva vida”, de Editorial Urano. 

– ¿La experiencia lleva también a la postura ‘en esta ya no me agarran’? 

– Mi filosofía es: si me sale mal, me sale mal. Pero con lo años, me he vuelto menos kamikaze. Me arriesgo, pero con cierta red. Ya no me inmolo y aprendí a no pagar precios altos por buenos momentos. Mi talón de Aquiles son los tipos y sigo pisando el palito. Hoy sé que hay que permitirse lo que uno quiere, sin tirarse tan de cabeza. Ante un desengaño, estoy mal un tiempo y después que pase el que sigue. A esta edad, el que quiera subirse a mi barca que me acompañe y el que no: dos besitos y que circule. La frase la tomé de dos amigos muy queridos y la aplicó para distintas circunstancias. 

También advierte que dejó de “cargar al otro”. “Al evolucionar un poquito, uno empieza a poner límites. Ya no es más el felpudo de todo el mundo. Hay cosas que aceptamos porque creemos que somos buenos y es para agradar a los demás. Eso se siente en el cuerpo”. 

Otra de las banderas que levanta y comparte en la charla es que ya no está tan pendiente de la mirada ajena. “Hace unos años llegué a una sesión de terapia llorando porque habían vendido el vestido que tenía elegido para la presentación de uno de mis libros. Hoy ante una situación similar voy en calzas y al que no le guste, que no me mire. Es muy bueno poner un límite a la opinión ajena y distinguir a quien escuchar y a quien no. Fue todo un aprendizaje para mí”. 

–  Ahora se habla mucho de la autogestión laboral, vos lo implementás desde hace tiempo, ¿cuáles son tus claves? 

– Me suele pasar que invento los proyectos y cuando están aceitados llega alguien que quiere acoplarse. Muchas veces me han dicho “no” y, salvo algún que otro productor, es muy raro que me vengan a buscar. Mi primer libro lo financié yo.

– ¿Los “no” fueron un aprendizaje para vos?

– El “no” es mi combustible para el “sí”. Me lleva a buscar más. Me da más ganas. Cuando decidí venir a Buenos Aires, tenía un buen trabajo en la televisión de Rosario. Me alertaban: ¿a vos te parece?”, ¿de qué vas a vivir? Eso me dio fuerzas para decir “mirá cómo me voy”. También aprendí que en general la gente proyecta sus propios miedos. Cuando lo sentí, quemé las naves.

– ¿Cuál sería tu consejo para las mujeres que el cambio de década o este contexto no las encuentra tan plantadas? 

– Cada una encuentra su escuela, su respuesta. Todo está en la cabeza, en la actitud, en cómo decidas encarar el presente. Tarde es cuando uno piensa que es tarde. Siempre es momento para repensar y cambiar. Si estás abierto, la vida te lleva por situaciones que de verdad no esperabas.

Por Luciana Fava

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