“La vida en tiempos del coronavirus” Resulta que ayer éramos felices y no lo sabíamos

Resulta que, ayer nomás, estábamos en un oasis.

Resulta que hoy lo estamos porque, aún en estas circunstancias, lo estamos y a veces nos cuesta encontrarle la vuelta.

Somos privilegiados. Estamos en una situación límite, pero aun así nos tenemos. Y tenemos. Y podemos aún con estas cartas hacer buenas jugadas. 

Lo único que se nos pide es estar en casa con Netflix, HBO, Amazon, televisión, lectura, juegos, proveídos de alimentos y mercadería (no es necesario tanta), teléfono, internet, con las aplicaciones del Facebook, Instagram y Whatsapp y con la posibilidad de escuchar música, cantar, bailar, hacer crucigramas, sudoku, pintar, dibujar, escribir un diario íntimo, tomar un baño de inmersión, practicar yoga o meditar. Podemos cocinar, dedicarnos a las plantas, ordenar placares o estanterías. Podemos mucho.

Podemos cuidarnos y protegernos. Sabemos de qué se trata. Estamos informados en tiempo real. 

Nuestros antepasados que vivieron en la guerra, que pasaron cosas muy duras, desplegaron sus recursos. Acá no hay olor a pólvora. 

Es una soledad acompañada.  Es un aislamiento globalizado.

Recuerdo aquella paciente que me contó, que en el cumpleaños número 85 le preguntó a su padre, veterano de guerra, cuál había sido la etapa de su vida que más le gustaba. Ella pensaba que su padre sabio le iba a decir algún viaje que había hecho por el mundo junto a su madre, tal vez algún verano concurrido en la casa disfrutada de Gesell o las escapadas a Villa General Belgrano. Pero no. Él, un hombre resiliente, le dijo que la época mejor de su vida había sido “la guerra”.

Ella no podía entender y su respuesta le resonó varias veces.

Un día la trae a su terapia, y en este espacio, analizamos juntas esa respuesta, y supimos que ese, había sido un período muy próspero en aprendizajes,

Una vez pasada la urgencia, y al salir sano y salvo, las experiencias de la guerra a esa edad joven le permitieron reflexionar y sacar conclusiones importantes en su vida, que luego desplegó y sin dudas fueron fundantes y de la persona que fue, gracias también a esos recursos que le dejó ese difícil momento.

Porque no son las circunstancias que vivimos las que nos enseñan, son las conclusiones que sacamos de eso que vivimos. 

Y para eso es necesario reflexionar.

Yo deseo y espero que nos ubiquemos, nos flexibilicemos, y podamos ver las cosas como son, tomar conciencia y aceptar, para también poder disfrutar.

Y deseo por supuesto, que esto pase. Y deseo que, de esto, ya que nos tocó, busquemos el punto de aprendizaje. 

Yo te invito a que, en estos días, saques un lápiz y un papel y escribas lo que aprendiste y aprendés de estas circunstancias.

Que no la termines de una vez, que dejes esa lista abierta, para seguir agregando y sumando aprendizajes, a medida que pasan los días.

Te comparto mi lista, capaz te anima a hacer la tuya.

Yo, con esta situación repasé de nuevo la humildad y recordar que “no somos nada”.

Llegó la incertidumbre, otra vez, como parte de la vida y, me hice un poco más amiga de ella.

Volví a corroborar que… a “Seguro” se lo llevaron preso, que “Nadie” tiene la vaca atada, y que, “Nada” es para “Siempre”.

Que reafirma una vez más que, lo importante es la salud. Lo único más importante. Y una bella oportunidad para compartir con los hijos y recordarles la importancia de cuidarla y que, evitar una muerte prematura, siempre vale la pena.

La solidaridad. Yo me cuido y te cuido. Te llamo, te compro, te presto, te regalo, estoy para vos, y que sola, no me salvo.

Reforcé que hay que ser disciplinada en muchos casos, a ser precavida, y también a confiar.

Y a valorar los afectos, la conversación presencial. Los paseos, mi bendito barrio, mis vecinos, mis caminatas, el valor de la libertad.

Poder ir al gimnasio, a comer afuera, a tomar un café en una terraza, la lista se me hace interminable, reuniones con los amigos, la familia, viajar, recorrer, ir al cine, al teatro, los cumpleaños, las celebraciones sociales.

Y pienso en todo lo que haré cuando esto pase.

Y claro, soy consciente que hay situaciones particulares que tienen lo suyo y es más difícil encontrarle el encanto. Situaciones que tienen su vericueto.

Y allí me emociona la solidaridad que se está dando en varios niveles. Sé de la ansiedad que despierta por distintas y las mismas circunstancias en muchos, en niños, en grupos de riesgo, en sus familiares. Ayuda el vivir cada momento con su encanto y en el momento presente, sin pasarnos películas de terror, y sin sobre informarnos. 

Pero por favor, ¡seamos felices hoy! aún con estas circunstancias. Como dice Víctor Frankl: “Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás elegir la actitud con la que afrontes ese sufrimiento”. 

Lic. María Eugenia Sánchez Grillo
www.mariaeugeniasanchezgrillo.com
Lic. en Psicología

Crèdito fotos: Pexels

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