El sexo en la menopausia: redescubrirnos y recalcular el placer

Un panorama sin mitos erróneos sobre esta etapa de la vida que puede ser plena y reveladora.

La dupla sexo y menopausia no tiene la mejor prensa. Solemos escuchar que las variaciones hormonales vienen con síntomas físicos no amigables con una buena relación, que el deseo disminuye irremediablemente y que el reencuentro con una misma -después de una separación o ante algunos cambios corporales- no suele ser tan, tan, tan sencillo.

¿Cuál es el índice de certeza de estas frases? Poco o casi nulo, según la opinión de los sexólogos. Porque desde hace tiempo los especialistas reafirman que puede ser una etapa de descubrimientos y brindan la hoja de ruta posible para revertir cualquier mito y falsa creencia.

“Con la menopausia, los ovarios dejan de funcionar y hay una baja en las hormonas. Pero esto no significa un alto en la vida sexual, no hay una sexopausia”, adelanta la doctora Florencia Salort, médica ginecóloga del Hospital Italiano, sexóloga y creadora de la cuenta de Instagram @flordegineco.

La psicóloga y sexóloga Mariana Kersz, directora de ClinicaDeParejas.com, refuerza la misma idea. “Se trata del fin de la vida fértil, de la etapa reproductiva. No, del erotismo”.

Un error muy común es tomar como sinónimos climaterio y menopausia. “El primero es la etapa previa a la menopausia y en algunas mujeres genera síntomas molestos. Los ciclos menstruales irregulares y los calores o sofocos son frecuentes. Además, la vagina presenta menos lubricación natural y las relaciones sexuales tienden a ser más dolorosas, por la fricción. Mientras que en la menopausia el período deja de presentarse. Una vez pasados los síntomas iniciales muchas mujeres manifiestan un resplandor”, diferencia Kersz.

Fin y comienzo

Además, contrariamente a lo pensado, el contexto posible en este momento puede llevar a más disfrute. Los hijos con mayor independencia o la decisión ya elaborada de no ser mamá, la confianza personal y las posibilidades de darle más espacio al descanso y a la realización personal posibilitan una nueva conexión con el placer y la gratificación personal.

“Muchas parejas de larga data se sienten como en sus primeros años de relación. Con la ventaja de saber qué le gusta a cada uno. Además, una comunicación positiva les permite experimentar diferentes modos de hacer el amor. Las relaciones pueden ser más espaciadas, pero de mayor calidad”, opina la psicóloga clínica y sexóloga Diana Resnicoff.

Pero ese no es el único panorama posible. “Están quienes redefinen su orientación sexual, apuestan a una nueva pareja, forman un vínculo con menos ataduras o se animan a pedir más. Puede darse un despertar sexual increíble”, completa Salort.

Y también hay una franja de mujeres que siente “dificultades para observarse y tiene temores y ansiedades comprensibles -como el miedo a envejecer, a la pérdida de los padres o las enfermedades, al futuro económico, entre otros- y que llevan a una disminución del deseo sexual”,dice Kersz.

Repensar los objetivos y metas personales, buscar ajustar aquellas cuestiones que están al alcance e incrementar las instancias de disfrute -que puede ser desde destinar más ratos de ocio hasta concretar ese hobby o actividad pendiente- funcionarán como impulsos para balancear estas sensaciones.

Una terapia puntual, psicológica o sexológica, será otra alternativa para reencontrarse con una misma y sacarle el máximo provecho a esta etapa.

El update sexual

De todas maneras, más allá de las perspectivas personales, ciertos ajustes serán bienvenidos.

  • Sumar creatividad. “Eso de mirarse y a los cinco minutos querer estar en la cama se da en la primera etapa de una relación. Tiene ver con el ciclo de placer/recompensa que se produce a nivel cerebral. Luego de ese primer año o, a lo sumo, año y medio, comienza una fase relacionada con el estímulo/respuesta y que implica la necesidad de la novedad para activar los mecanismos de placer”, sintetiza Salort.

Buscar diferentes lugares, cambiar los roles, probar juguetes sexuales u otras prácticas tendrá sus frutos. También, “darse tiempo fuera de la cama y en la cama, antes de la relación. E incorporar la masturbación individual y con la pareja”.

  • Cuando hay sequedad vaginal, la sugerencia es “el uso de lubricantes hidrosolubles para humectar la vulva y la vagina”, explica Kersz.
  • Más diálogo. “Es esencial hablar de los temores, expectativas y fantasías relacionadas con esta etapa”, aconseja Kersz.
  • Que el reloj no juegue en contra. “La estimulación, con mutuas caricias, hará que el encuentro sea más prolongado y llevará a nuevas sensaciones eróticas. El orgasmo vendrá o, de todas formas, el disfrute estará presente”, dice Resnicoff.

El chip sexual

El pellet de testosterona, tal es su verdadero nombre, es un implante subdérmico del tamaño de un grano de arroz que se coloca debajo de la piel de la cadera. Promete efectos positivos en la salud y la vida sexual, “sostenidos especialmente por campañas de marketing y publicidad”, aclara Kersz.

Ante la pregunta sobre si se trata de la próxima panacea, las evidencias lo refutan. “La realidad es que pocas veces el deseo femenino tiene que ver con la testosterona. Además, muy pocas mujeres tienen la testosterona muy por debajo de niveles normales, lo cual pueda producir un deseo sexual hipoactivo -es un deseo bajo o anulado y que persiste durante seis meses. Si sucede, se seguirá otro tratamiento, que esté aprobado”, completa Salort.

Porque hay que recalcar el chip sexual no está aprobado para mujeres por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica ni por la Food and Drug Administration.

Para un encuentro sexual satisfactorio, entran en juego muchas variables. “Cuando comprendemos los cambios y sabemos enfrentarlos, resulta posible mantenernos sexualmente activos. La experiencia y la mirada personal serán decisivas en esto”, finaliza Resnicoff.

Por Luciana Fava    

Crédito Fotos: jcomp/Freepik

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