Padres “pido gancho”

La sociedad está conmovida desde la muerte de Fernando Báez Sosa, el joven que murió a causa de los golpes que le produjeron un grupo de rugbiers a la salida de un boliche en Villa Gesell. ¿Qué falló? ¿Qué pasa con los adultos que no pueden detener a diez adolescentes violentos?

La sociedad conmovida y convulsionada por un hecho atroz y aberrante.
La muerte de Fernando Báez Sosa en Villa Gesell nos conmueve a todos.
Un desprecio por la vida que nos llena de tristeza, impotencia y deseos de justicia.
Fernando tan joven, tan lleno de vida, se lo ve en un video solidario, sonriendo, ayudando a otros.
A su vez, nos identificamos con los padres de Fernando y ese dolor que no tiene nombre.

Y están los “otros”, la manada de bestias, los asesinos.
Los que no tuvieron límites, los de los excesos, los sin control, los que no supieron ni quisieron decir “basta”.
Lo que no le dieron valor a la vida.

Y el contraste….
Resulta que son grandes para irse de vacaciones solos en dulce montón de amigos, pero no saben cuidar la vida. Ni la propia ni la de otros.
Son mayores de edad, pero no pueden comprometerse con el bien común y respetar reglas de vivir en sociedad.

TODOS conocemos algún adolescente que tiene excesos, hoy, son mayoría.
Están los que beben, y se pasan y hacen actos de los que no participarían en su sano juicio.
Están los que prueban drogas y sustancias, como si fuera “inocuo”.
Hoy son comunes las peleas a la salida de los colegios y boliches.
Están los que no respetan la autoridad, ni en casa, ni en la escuela ni en la calle, y desprecian los valores, la salud y la vida,
Y cuando la ley no viene de casa, el límite viene de afuera.

? Pupila de la escuela que se sienta lejos de sus compañeros de clase y la sensación de depresión Foto de archivo - 63725145

A su vez, TODOS conocemos padres que no pueden orientar, porque ellos mismos, están muy desorientados.
Conocemos muchos adultos que dejan pasar, que hacen “la vista gorda”, tienen “oídos sordos”.
Adultos que le tenían respeto y miedo a sus padres, y hoy le tienen miedo a sus hijos.
Padres que pretenden “ser amigos de sus hijos”, y ausentarse de esta función esencial.
Que naturalizan lo que NO es normal, pero que es común. “La previa”, el “UPD” (el último primer día), la vuelta del boliche con la certeza de los excesos.
Padres que no saben cómo abordarlos.
Padres que a través del aporte económico sienten que sustituyen lo que jamás se pagará con dinero y, evitan frustrarlos y prefieren cubrirles todos y cada uno de sus caprichos.

Y aquí están los costos, nada es gratis en la vida y los costos más caros, sin dudas son los que se pagan con la vida y la salud.

Todos estamos muy enojados con los salvajes. Pedimos la pena máxima. Deben pagar por el terrible daño que ocasionaron. Y también, estimados, pedimos la pena máxima con la fantasía que allí queden encerrados, dentro del calabozo, junto a los salvajes, “todos los miedos” como padres y adultos responsables de las generaciones que siguen.
Que con la pena máxima, la manada de bestias, que los pensamos y sentimos tan ajenos, se encierre con ellos también; el riesgo y el temor de que, los adolescentes del exceso de nuestro entorno, queridos, cercanos y conocidos, no corran riesgo, y que todo quede en estas bestias.

Señores padres no es así como funciona….
para que no haya más Fernandos ni bestias en manada.

Los adultos responsables debemos salir a escena, con todos los recursos que tenemos, dándole valor a la vida y a la salud. Los adolescentes deben tener autoestima. Es el mejor lugar para hacer buenas elecciones: de amigos, de pareja, vocacionales. Una persona que se aprecia no tiene adicciones y el índice de maltrato que tolera es igual a cero.

Los hijos necesitan padres presentes, en lugar de padres “pido gancho”. No se puede en esta función esencial, ausentarse por una temporada. Ser padre es estar muy comprometidos por muchos años, 18 como mínimo, para darles todo lo que un hijo hasta su mayoría de edad precisa saber y tener presente.

Todos somos uno. Nuestros hijos son Fernando y las bestias y sus padres, son los hijos del exceso y esos padres que lo permiten “todo”. Y “todo” tiene “costo”. El costo es muy alto, lo pagan con la vida misma. Por favor, evitemos “la sociedad de los hijos muertos”.

Lic. María Eugenia Sánchez Grillo
Lic. En Relaciones Públicas y Psicóloga
www.mariaeugeniasanchezgrillo.com

Crédito Fotos: Freepik

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One Comment

  1. Excelente reflexión Euge
    No se puede creer que chicos tan jovenes tengan tanta violencia interna
    Cuantas familias destrozadas no solo la del chico fallecido sino las demás
    Que desolador futuro les espera

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