Comunicación no verbal: qué decimos cuando no decimos

Las cuestiones recomendadas por expertos y los errores que conviene evitar para lograr un mensaje personal más potente y eficaz.

Siempre decimos, aunque sin decir y más allá de lo que decimos. Y esto no es un juego de palabras, si no a lo que se refiere la comunicación no verbal.

Porque antes del “Hola….”, de darle “play” a un discurso ensayado, durante los silencios espontáneos o las pausas que nos tomamos para pensar una respuesta; nuestro interlocutor arma un mensaje mucho más completo de que imaginamos.

Del ciento por ciento de nuestra comunicación, el 55% es corporal; el 38% tiene que ver con el tono, la velocidad y el ritmo de la voz; y el 7% restante está relacionado con las palabras propiamente, con lo que expresamos, con lo verbal. Además, la comunicación empieza desde el momento cero, desde el primer contacto con la otra u otras personas”, anticipa Marcelo Sola, coach ontológico y director de HCC Integral (Hablando con el cuerpo), especializado en comunicación no verbal y coaching profesional y corporal, entre otros temas.

Con lo cual, en esta era de comunicaciones efímeras e instantáneas y marcada por la necesidad de establecer contactos efectivos en tiempo récord, se vuelve casi imprescindible darle la jerarquía precisa a estos ítems a veces no tan tenidos en cuenta.

“Hay todo un quantum de información y comportamientos que podemos interpretar e inferir y que no remiten a las palabras”, amplía el licenciado lan Crawley, psicólogo, diplomado en comunicación no verbal, especialista en expresión facial y cargo de Sin Verba, un espacio dedicado a talleres y capacitaciones sobre el tema.

Tan es así que los políticos más atentos al poder inconmensurable de la imagen buscan sacarle el máximo provecho a estas cuestiones, y los análisis sobre los ítems que rodean a un discurso se convirtieron en elementos centrales de las campañas. Además, estos puntos tienen cada vez más relevancia para profesionales o ejecutivos con una alta exposición.     

En la misma línea, el psicólogo estadounidense y gurú de la inteligencia emocional, Daniel Goleman-, remarca que “para el establecimiento de una sensación positiva, losmensajes a través de otros medios que no son la palabra, resultarán en definitiva mucho más importantes que lo que podamos hablar”.

Los ítems que completan la comunicación

Si lo que hablamos no resulta tan definitorio como pensamos, ¿qué deberíamos tener en cuenta? Como respuesta, los especialistas consultados por Boleo Magazine dan una pantallazo de los llamados canales no verbales.

– Kinésico. “Está compuesto de gestos, posturas, movimientos y expresiones”, dice Sola.

– Paralingüístico. “Hace referencia a los elementos que acompañan a la palabra. Por ejemplo, el tono, el volumen o amplitud de la voz y también, la velocidad, el ritmo y las pausas. Estos atributos califican aquello que estamos diciendo”, explica Crawley.

– Cronémico. “Es el tiempo dado al discurso”, resume Sola. También, la forma de utilizar esos instantes. Es decir, si se realizan varias tareas al mismo tiempo o solo estamos abocados a la charla, o la puntualidad para el encuentro.

–  Proxémico. “Este punto se centra en el uso del espacio. Especialmente, si estamos muy cerca de otro o tomamos una distancia mayor. En América Latina, especialmente en Argentina, se interactúa a trechos más cercanos, en comparación con los norteamericanos, japoneses o alemanes, entre otras poblaciones”, amplía Crawley.

Fisiológico periférico. “Se trata de modificaciones internas  que no sepueden controlar de manera voluntaria -la sudoración, la frecuencia cardíaca o la dilatación de las pupilas. Al tener menor capacidad demanipular a conciencia, resultan señales muy fidedignas”, manifiesta Crawley.

El conjunto de estos signos permitirán armar una radiografía, en parte inconsciente, del otro. Aunque, un error muy común es interpretar que “un gesto tiene un único significado y con un sentido muy específico. Cuando en realidad esto es algo mucho más complejo. Puede cambiar según la persona, las circunstancias o el contexto”, aclara Crawley.

Los emisores que deseamos ser

Por otra parte, conocer estos conceptos también nos ayudará a enfocar con asertividad nuestra comunicación.

Un primer paso aconsejado es prestarnos atención a nosotros mismos. “Una forma devolvernos más eficaces es a través del incremento de la conciencia corporal. Esto implica fijar la mirada en los gestos, las muecas o costumbres más frecuentes cuando interactuamos o estamos en presencia de otros y en las situaciones de mayor ansiedad y tensión”,  sugiere Crawley.

Una vez ajustado nuestro propio registro, podrán implementarse algunas pautas simples y fáciles de seguir.  

  • El don del acompañamiento. En una comunicación de a dos, “acompasar, para que el tono de ambos sea parecido, puede ser efectivo”, dice Sola. Una manera es imitar, de forma sutil y  casi imperceptible, las características del otro.
  • Mirar a los ojos.  “A pesar de estar cableados  para observar y preferir los estímulos visuales,  muchas personas tienen dificultades para sostener la mirada en los demás. Esto se ve exacerbado en situaciones en que sentimos inseguros o amenazados por el contexto, como puede ser una reunión de trabajo. Ser conscientes de ese obstáculos y con el foco en que el cambio será de manera progresiva, permitirá superarlo”, recomienda Crawley.
  • Entrenar la voz. “Aprender a variar los tonos al hablar permitirá lograr un consenso o aumentar las probabilidades de que nuestro discurso resulte impactante ante nuestra audiencia”,  completa Crawley.
  • Dime cómo te vistes y…. El estilo de las prendas, las texturas y los colores son otros ítems para no pasar por alto cuando se busca dar una impresión personal a favor.

Por Luciana Fava

Crédito Fotos: Freepik

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