El permiso de las canas: romper con el mandato de la tintura

Las sensaciones al dejar atrás la rutina de la coloración y los preconceptos que todavía existen con respecto a la feminidad.

¡Libertad! Esa es la sensación de las mujeres de entre 40 y 50 y pico al dejar atrás la rutina, constancia, hábito o esclavitud de las tinturas para cubrir las canas (porque para cada una esto implica un nivel de intensidad diferente); y redescubrir y vanagloriarse de la belleza natural y sin preconceptos del pelo gris, veteado, plateado o directamente blanco Ala impecable.

La tendencia tiene cada vez más fuerza y no solo está relacionada con un ciclo cumplido en la peluquería o haciendo malabares con el pomo del producto listo para usar y los guantes de nylon.

Para muchas, implica un guiño hacia un estilo natural; deshacerse de exigencias que son tomadas como naturales; reforzar una imagen más personal; y hasta una postura ideológica o política, en el sentido más amplio de la palabra, y acorde a los activismos propios de esta década.

Meryl Streep

Las mega estrellas son muchas veces las precursoras de este tipo tendencias y eso sucede en este caso. La maravillosa Meryl Streep, en 2006, deslumbró con una cabellera entre blanca y gris en la interpretación de una temible editora de una revista de moda de la película “El diablo se viste a la moda”. Y desde hace un tiempo, coquetea con mucho éxito con sus canas.

Otro ejemplo: la artista plástica Alexandra Grant, quien sorprendió en la gala Lacma Art + Film junto a Keanu Reeves. Está en la mitad de los 40 y luce con orgullo su pelo gris precoz.    

Las redes sociales también marcan un termómetro. Hay varios hashtags en Instagram que agrupan ejemplos de este fenómeno. #Grannyhair, con 349.000 publicaciones, y #greyhairmovement, con más de 23.000 y posts que alientan a seguir este estilo.

En Facebook, el grupo “Yo me atrevo a lucir mis canas” tiene cerca de 3.800 seguidoras y se convirtió en un espacio para buscar consejos en la transición anti tinturas -una etapa que, ellas cuentas, que genera más movilización de lo imaginado. “Bellas con pelo plateado”, sigue esta misma línea. Tiene más de 3.000 seguidoras e incentiva a las mujeres latinoamericanas a mostrar sus looks.

“Lo que quiero hacer”

“Me costó mucho lograr cada cana y las muestro. Son producto de la experiencia”, dice con satisfacción Teresa Garbesi, ex modelo, periodista y ahora, directora de un Parque Industrial en General Rodríguez.

Teresa Garbesi por Marite de Jesús

“Me teñía desde los 30 y a los 58 -nota: hace muy poco festejó los 59- dije basta. Todos los sábados de mi vida me hacía yo misma un retoque en la parte de arriba de la cabeza que me llevaba una hora y media, y una vez por mes iba a la peluquería. Soy muy estética y no me gustaba que se notara el crecimiento”, cuenta a Boleo Magazine y agrega que “llegar a la decisión no fue tan fácil”.

Su súper reconocido tono morocho -parte de su sello personal- varió hacia un platinado intenso para luego ir destiñéndolo y llegar a su pelo original, “que me da algo único, diferente”.

“Los ocho meses de transición me resultaron espantosos. Me bajoneé bastante. Hasta que vi el resultado, que es como un nacimiento, y dije: soy libre”, enumera, en un relato casi calcado al del resto de las mujeres consultadas.

Su ciclo interno, reforzado en su terapia, tuvo mucho que ver. La idea de “si no me libero ahora, ¿cuándo?”, en relación a seguir su propia voz y no una exterior- y con hijos grandes “que me enseñan muchísimo” tuvieron su peso específico.

Además, “yo quiero parecer de mi edad, no más joven. Tampoco tengo hechos retoques o cirugías en la cara ni me los haría. Nunca tomé sol, tengo buena piel y hago ejercicio”, cuenta.

“Pensamos que algunas cosas deben ser de determinada manera y si no nos convencen, está bien soltarlas”, concluye.

Con ideología estética

Sharon Haywood es la fundadora de la ONG AnyBody Argentina -parte de una asociación internacional que defiende la diversidad corporal y que a nivel local impulsó el proyecto de la Ley Nacional de Talles– e investigadora de temas de la apariencia en la Universidad del Oeste de Inglaterra.

Sharon Haywood

“Hace casi 10 años, tenía alrededor de 41, pensé en dejar de teñirme. No pude lograrlo en ese momento. Lo intenté varias veces y volvía. Ahora hace siete que no cubro mis canas”, detalla a BOLEO Magazine. La evaluación propia (que es la que cuenta): mucho más que satisfactoria.

En plena adolescencia y como herencia de una abuela irlandesa que a los 25 ya tenía el pelo blanco, empezaron a aparecer sus primeros mechones canosos y entonces, probó en Canadá, su país de origen, gran variedad de coloraciones fantasía y después, tintes vegetales.

A los 19, cuando notó pelos rebeldes de distintos tonos distribuidos en su cabellera, pensó que no tendría escapatoria a “teñirse de por vida”.

El tiempo y la reflexión sobre los mandatos de belleza la llevaron a advertir que eso de “para siempre” no encaja en una decisión estética.

Hoy: “Recibo muchos cumplidos no esperados sobre mi pelo. Muchos piensan que lo teñí de gris. Me da mucha gracia y respondo que estoy liberándome de estándares de belleza de mujeres grandes”.

“No teñirme es un acto político”, redondea.

Por un alisado mal hecho

“¿Y ahora?” Tal vez esa fue la primera frase que le vino a la cabeza en 2017 a Gabriela Delgado -técnica dental, de 47 años y una de las moderadoras del grupo “Yo me atrevo a lucir mis canas”- cuando, por un error, salió de la peluquería con su melena larguísima hecha una escoba.

“Tenía el pelo hasta la mitad de la espalda, morocho, divino. Me encantaba tenerlo impecable, cuidarlo. Soy muy detallista”, rememora.

Todos los días se lavaba la cabeza y al peinarlo, le daba la terminación final con la planchita.

Para recuperarlo de ese incidente con el alisado, se lo cortó ella misma, primero tipo Bob o Carré y después bien corto, siguiendo un video de YouTube, y decidió suspender los tratamientos químicos. “Siempre tenía un stock de 4 ó 5 tinturas. Me desesperaba la idea de no poder teñirme”.

Cuando se dio cuenta de que su cabellera tenía un 50 por ciento de canas y algunos de los tintes rojizos de su niñez, se entusiasmó. Además, advirtió que el pelo natural era más sedoso.

Las preguntas, opiniones -sin ser pedidas- y reacciones ajenas no tardaron en llegar. “¿Estás enferma?”, “parecés más vieja”, “qué dejada” o “¿por qué lo decidiste”, las más frecuentes. También, miradas sin disimulo.

Una situación que la divierte: quienes entran a su laboratorio de prótesis dentales miran sus herramientas y después, su pelo. 

“Dejarte las canas te lleva a cambiar el chip mental. Es una evolución. Es empezar a pensar que no necesitás tantos químicos para verte linda ni que estás abandonada. Me siento más segura de mí misma. El hombre con canas es seductor y la mujer es una bruja”, afirma. También la impulsó a usar ropa más colorida.

Un cambio extra: “Me importan mucho menos los comentarios de otros. Es mi cabeza y a mí me gusta. No hay una única forma de ser femenina”, completa.

Toda una transformación y a gracias a un producto mal aplicado. “Si no, no se me hubiera ocurrido”, concluye.

Por Luciana Fava

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