Cáncer de mama: transformar el dolor en superación

Dos testimonios en primera persona sobre mujeres jóvenes que atravesaron el diagnóstico y cumplieron sus sueños.

 

Al diagnóstico de cáncer de mama le siguen muchas otras instancias. Volver al ruedo cotidiano, poner en marcha proyectos pendientes, trastocar el orden de prioridades o hacerse eco de necesidades y deseos que empiezan a pedir pista; van rearmando la realidad de quienes lo atravesaron o están en pleno tratamiento. 

Porque con estadísticas que afirman que cerca del 90 por ciento de los tumores detectados en un estadio inicial puede curarse y entre el 40 y el 85 por ciento del total de los casos tiene un buen pronóstico, las etapas posteriores se convierten en el foco de atención.

Mamá por cuatro

La historia de Natalia Fernández lo refleja fielmente. A sus 28 años -hoy tiene 42-, se descubrió un bultito en una mama. “No tenía antecedentes ni el hábito de palparme”, cuenta a Boleo Magazine.

Su médico le indicó una ecografía, que tuvo un informe supuestamente tranquilizador: un fibroadenoma -algo benigno y muy frecuente. De todas maneras, le insistió a su ginecólogo que le hiciera la orden de una mamografía. “Me dijo que era muy chica, que no hacía falta. Pero, como no quedaba conforme, me recomendó ir a un mastólogo, que es el especialista en mamas”.

Decidió hacer la consulta en Buenos Aires -ella es de San Pedro- y consiguió un turno muy próximo en el Hospital Italiano. El médico apenas la revisó le dijo: “necesitamos ver qué es, pero hay que sacarlo”.

Ese mismo día le hicieron un nuevo estudio y “ni bien el ecografista vio en la pantalla la primera imagen se le transformó la cara y confirmó que tendría que operarme. Me dio su celular y se ocupó de acordar que me viera un especialista lo antes posible”.

Era viernes a la tarde y el lunes a la mañana ya estaba de nuevo en el hospital. El mastólogo que la había atendido inicialmente empezaba sus vacaciones -Natalia lo sabía- y entonces siguió cada paso con Francisco Corrao, uno de los referentes de la especialidad y que todavía la atiende.

Su secuencia continuó con una mastectomía -la extirpación total de la mama-, sesiones de quimioterapia, rayos y una menopausia química durante cinco años, producida con medicación -un tratamiento que se da en paciente jóvenes, para mantener las hormonas bajas.

“Hacia un año y medio que estaba buscando un embarazo y me bajoneó mucho pensar que podría no darse. Ya había tenido cáncer y también me pasaba eso. Mucha gente me preguntaba: por qué te pasa a vos, que sos buena. La verdad es que nunca catalogué a las enfermedades como un sistema de justicia”.

Superada la primera etapa -con la realidad asentada y las mejores noticias en los consultorios-, su oncóloga, Liliana Zamora, también del Hospital Italiano, le dijo una frase que a Natalia la desarmó por completo: “si la vida te da limones, podés seguir intentando hacer mermelada de frutillas, preparar limonada, condimentar una ensalada o lavarte las manos”.

Pensó en la limonada y en que había otras formas de ser padres, que no habían evaluado. Encararon, entonces, los trámites de adopción y tres años después de su diagnóstico, llegó a sus vidas Benicio, que hoy tiene 11 años, y al año siguiente, Vera, que tiene 10. “Fue una suma de coincidencias. Dos meses después de la llegada de Beni a casa, en Misiones, de donde son ellos, solo quedó permitida la adopción para residentes. Con Vera, pudimos hacerlo porque ellos dos son hermanos biológicos”, resume.

La felicidad ya era inmensa y podía serlo aún más. “Cuando Vera tenía dos años, la noche anterior a una mamografía, me doy cuenta de que hacía unos meses que no menstruaba. Pensé en un desarreglo hormonal. Pero, por las dudas, me hice un test. Las rayitas dieron casi flúo y aun así no se me cruzo por la cabeza la posibilidad de embarazo. Le escribo a mi oncóloga y me pide que vaya a verla antes de la mamografía. Ya ahí, me aclara: qué más puede ser que un embarazo”

Otra vez una ecografía en el momento y ahora sí, con una alegría infinita: Faustino -que ahora tiene 6- se veía formado. “Claro, ¡estaba de once semanas! Me puse a llorar como una loca”. Y tres años después, también con sorpresa, llegó Sabina.

“Ese es hoy mi familión. Lo que que en principio parecía trágico, se transformó en algo hermoso. No podría pensar mi vida sin Beni y Vera. Y sin haber pasado el cáncer, no hubiera llegado a ellos. Tampoco me imagino sin Fausti y Sabina, por supuesto. Ya me sentía muy plena con Beni y la vida me regaló mucho más de lo que esperaba. No todo el mundo tiene el privilegio de tener hijos de panza y no panza”. 

Su historia también la llevó a colaborar en un hogar de chicos de su ciudad. “Yo era muy quejosa, lloraba por nada, todo me angustiaba. Las pilas no eran lo mío y el cáncer sacó una mejor versión mía”.

Los bonus track: cuando nacieron sus hijos más chicos, sus médicos fueron a verla; su oncóloga una vez le mandó cartita a Vera, para que ella no se preocupara por los estudios de su mamá; y para su fiesta de 40, su mastólogo viajo de Buenos Aires a San Pedro.

Lolas para mostrar

Los 40 tampoco fueron una fecha más para Natalia Martínez, una esteticista que tiene su propio centro de belleza y una escuela de capacitación en Bahía Blanca y que ya cumplió 44.

Le pidieron por primera vez una mamografía y el resultado fue un shock: un tumor complicado en el lado izquierdo. Le indicaron una mastectomía y por prevención, ella decidió que también le extirparan la mama sana.

Enfrentar las cicatrices -que iban de lado a lado- fue otro trance a superar. “Las lolas eran la parte de mi cuerpo que más me gustaba y de repente no las tenía. No me puedo olvidar el día que me sacaron los apósitos y me vi los puntos. Además, cuando me bañaba ni me las podía rozar”.

Pero no se empantanó en ese obstáculo. Decidió hacerse una reconstrucción y descartó la idea de tatuarse las areolas, que es la alternativa más simple. “Imprimí cómo quedarían, me miré al espejo y no me convenció para nada, porque las marcas de las suturas igual se verían”.

Lo charló con su psicóloga y en esa sesión se imaginó su escote con un dibujo plantas y flores bien coloridas, que son su debilidad. Puso en marcha la idea y pensó que la persona indicada para implementarla era Diego Staropoli, un tatuador de Lugano que creó el Club de las Tetas Felices y ofrece gratis la reconstrucción de los pezones.

Viajó con su grupo de amigas a Buenos Aires para hacerlo. “Nos alquilamos un departamento y las cinco nos instalamos todo el día en el local de Diego. Me encanta como quedó. No verme la cicatriz, me cambió la cabeza en un ciento por ciento. Fue muy sanador”.

Este verano, en unas vacaciones en Punta Cana, se animó a hacer topless. “Pasé de estar acomplejada y con vergüenza a mostrar mis lolas en el Caribe”, recuerda muy orgullosa y divertida.

Natalia no pasaba por alto los controles ginecológicos y su médico le decía que no hacían falta los estudios mamarios, porque no había tenido hijos. Aunque las sociedades médicas dan esta situación como de mayor probabilidad.

“En un primer momento, me preguntaba por qué no había podido prevenirlo -aunque solo se puede llegar a una detección precoz,que es cuando las posibilidades de curación son más altas-. Ahora sé que te toca y te toca y trato de inculcar lo importante que es controlarse. Hay amigas que no van al ginecólogo. Creo que todavía falta mucha concientización”, dice.

Además, si sabe que alguien lo está pasando, busca acompañarla y darle un mensaje positivo. “Trato de decirles lo que me hubiese gustado escuchar”.

Sobre el baldazo que genera el diagnóstico, Natalia insiste “en el estado de ánimo, en no quedarse con la bronca y el resentimiento. Es un trance difícil. Hay una etapa de llanto o tristeza y hay que pasarla. Pero con alegría y una buena actitud se puede llevar y salir adelante. Lo mejor es aferrarse al amor”.

“Después de pasar por el cáncer, ves todo con otros ojos, empezás a relativizar muchas cosas. Me encanta vivir y tengo el regalo del universo de disfrutar cada día a pleno. Siempre fui una persona positiva y con esto, redoblé mi apuesta”.

Tatuajes de Natalia

Luciana Fava

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2 Comments

  1. Excelente nota.
    Me encantó, ojalá muchas mujeres la lean y les sirva de inspiración para hacerse estudios preventivos y alentar las ante diagnósticos duros de enfermedad. También tendrían que leerla varios médicos! Saludos

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