Home office: estrategias para usar esta modalidad a favor

Los consejos y métodos de expertas para una organización a medida y ciento por ciento beneficiosa. 

 

Trabajar en casa -en versión remoto, con jefes o el resto del equipo del otro lado de la pantalla, como emprendedoras o profesionales independientes- tiene su encanto.

Capitalizar a favor el tiempo de viaje, alejarnos del microclima de la oficina y sus conversaciones repetidísimas, espaciar el contacto con ciertos personajes, destinar mañanas o tardes a actividades que llenen el alma o a capacitaciones pendientes, y hasta sacarnos de la cabeza el tema de qué ponerse cada santo día, son algunos de ellos.

Además, cuando se trata de un proyecto propio, la adrenalina de desarrollar lo que soñamos y deseamos, ser dueñas absolutas de las decisiones que tomemos, postularnos como nuestras propias jefas o armar una estructura a medida son otros beneficios invaluables.

foto freepik

Aunque, cuando lo urgente nos sobrepasa, no hay un límite claro entre las obligaciones y las demás áreas de la vida, o la jornada laboral no tiene fin; puede suceder que los beneficios que parecían imbatibles se vean más que débiles.

Más allá de tratarse de una rutina ya instalada o de un ciclo que recién comienza, el concepto para repetir y repetir hasta convertirlo en un mantra es que es posible “buscarle la vuelta a esta modalidad e imprimirle una dinámica favorecedora. Tampoco hay que perder de vista que la puesta en práctica de determinado esquema puede ser circunstancial y posible de modificar. Hasta se puede pensar que en cierta etapa o ciclo será de esa manera y luego buscar otra forma”, sostiene la licenciada Mercedes Korin, creadora del enfoque Modo Delta, para el asesoramiento en desarrollo profesional.

El archivo personal -porque no es lo mismo alguien que “recién le encontró el encanto a cómo entra el sol en su ventana”, ejemplifica Korin, a quien desde hace tiempo tiene la compu instalada en el living-, la satisfacción que genera la actividad realizada, la estructura cercana y la etapa en tránsito -en pareja o no, mamá flamante o con hijos en edad escolar-, serán los puntos que configuren el mapa personal.

¿Sin horarios o con horarios propios?

Ese es el gran dilema del home office. Porque, por un lado, la idea no es seguir un esquema rígido e impuesto desde afuera -al menos que sea estrictamente necesario, como en un trabajo que implique la conexión online con colegas o clientes- ni tampoco que el día se escurra entre la resolución de temas domésticos, pools escolares y más demandas cotidianas; y que queden horas y pilas para el trabajo en sí (a quienes recién comienzan un camino por cuenta propia este tema puede sonarles familiar).

Para sortearlo, una estrategia eficaz puede ser “armar un calendario por año, meses, semanas y días, y que se encuentre articulado por objetivos, en lugar de horarios. Implica un cambio de chip que ayudará a repensar el  manejo del tiempo”, sugiere la licenciada Florencia Ducos, asesora de imagen, experta en marketing personal y mentora de emprendedoras. 

La realidad, otra guía infalible (o hasta impiadosa). ¿O, acaso, más allá de los gustos o situaciones ideales o idealizadas, los horarios de los hijos, de la pareja o de las actividades que conforman lo cotidiano no dan un guiño sobre el día laboral?

Por ejemplo, “para una mamá con hijos pequeños, lo natural será aprovechar el horario escolar”, puntualiza Korin. Y ¿si se trata de un bebé? “El trabajo desde casa puede ser la mejor solución. Aunque, no mágica. La maternidad tiene su lado desprolijo y habrá situaciones que no puedan pautarse”, completa Korin.

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Solita y sola

También hay que tener en cuenta que este formato laboral tiene una contracara: el aislamiento. Sí, trabajar en pijama y pantuflas puede ser reconfortante cuando sucede de vez en cuando o en un día de lluvia. Pero, si se vuelve una mochila, debería hacernos encender una señal de alarma.

“Estar demasiado con uno mismo puede llevarnos a pensar demasiado”, resume Korin.

Entonces, además de cronometrar las obligaciones, será conveniente pensar en actividades grupales, disponer de un rato por día para salir a caminar o estar al aire libre o, cada tanto, trasladar la oficina a un cafecito.

Los espacios de coworking también pueden ser un antídoto. “Son ámbitos que invitan a compartir y que no tienen el microclima menos atractivo de una oficina. Además, brindan la posibilidad de generar contactos y algunos espacios ofrecen talleres”, sintetiza Korin. Para no abultar los gastos fijos, una posibilidad puede ser ir una jornada o una mañana a la semana.

Búnker privado

El espacio de trabajo tampoco es un tema menor. “Destinar un ambiente como escritorio es lo ideal. Pero, adueñarse de un rincón del living, de la mesa del comedor o de un sector del dormitorio puede ser igualmente rendidor. El requisito será que en ciertas horas queden reservados como oficina”, recomienda Ducos.

Cualquiera sea la opción, “será nuestro lugar de inspiración y difícilmente esto ocurra si se encuentra colapsado de papeles, revistas o elementos que no tienen nada que ver con el trabajo. Mi filosofía es que “una casa ordenada es una mente ordenada” y el mismo lema se traslada al lugar de trabajo”, aconseja Marietta Vitale, interior planner y autora del libro “La terapia del orden”.

Los colores más favorecedores para concentrarse: el blanco o los más claros.

El límite que no conviene pasar: ¡llevar la notebook a la cama!, coinciden quienes siguen esta forma de trabajo. Después, será cuestión de elegir la propia aventura.

Por Luciana Fava

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