Breves de amores

En abril de 1913, en plena luna de miel por Roma junto a Luis Bernardo de Estrada, Mónaco, su esposo desde hacía cinco meses, Victoria Ocampo conoce a su primo político Julián Martínez, quien por ese entonces era agregado cultural en la Embajada argentina en Roma. “El hombre más buen mozo de su época”, diría Manuel Mujica Láinez. Victoria perdió la cabeza y el matrimonio. Tuvo una relación que mantuvo por casi 16 años. Luego alquilarían un departamento sobre la Avda. Garay y Victoria aprendería a manejar para independizarse de su chofer y correr libremente a los brazos de su amante. Julián fue la libertad en todos los aspectos, la libertad de amar y fundamentalmente la liberación de la conservadora mirada paterna. La pasión se desvaneció justamente cuando la relación dejo de ser clandestina, ya divorciada y con su padre muerto.

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