Con la confrontación no ganaremos más equidad

La ex CEO de Aerolíneas y General Motors compartió con Boleo Magazine su radiografía de estos tiempos. 

Hay dos cintas. En una corre un hombre a 80 kilómetros por hora. Desde hace muchos años lleva ese ritmo. En la otra, una mujer lo hace a 120 kilómetros por hora. Las tuercas de la cinta están fallando. Ella está transpirada, parece desesperada. En un momento, el hombre frena, mira a su compañera y se pregunta hacia dónde va”.

En la charla con Boleo Magazine, Isela Costantini elige esa descripción para resumir esta época de feminismo, búsqueda de igualdad de género, revisión de conceptos arraigados y verdades establecidas. También, de ánimos exasperados y poca tolerancia hacia las opiniones contrarias.  

Lo peor que puede pasarnos es que el hombre pare y que la mujer siga corriendo sola. Somos un conjunto. Necesitamos que ellos recorran el camino con nosotras. Muchas veces es un hombre el que dice: ella es la que debería sentarse en mi lugar y yo la voy a preparar para eso. Cuando en una empresa se está por definir un reemplazo, ojalá la persona que esté a cargo decida que la candidata tiene más potencial. No estamos hablando de que la mujer tiene que ser más fuerte. Estamos hablando de equidad. Con la confrontación no vamos a llegar”, redondea la idea con su hablar pausado, su tono cálido y con un mínimo dejo de tonada brasileña, el país donde pasó una parte de su vida.  

Estamos viviendo como en un tubo de ensayo en ebullición. En algún momento, este contenido sedimentará”, completa.

Su experiencia le da peso específico a este punto de vista. Comunicadora social graduada en Brasil y con un MBA cursado en Chicago; a los veintisiete empezó a trabajar en General Motors, pasó por distintas áreas y cargos y llegó a ocupar el puesto de directora ejecutiva; en 2016, fue CEO de Aerolíneas Argentinas; y ahora se desempeña como gerente general del Grupo de Servicios y Transacciones (GTC). Además, su libro “Un líder en vos”, publicado en 2018 por Editorial Sudamericana, tuvo gran repercusión.

En tu recorrido profesional viviste las dinámicas que suelen darse en las empresas. ¿Sólo a las mujeres en una posición destacada les preguntan cómo compatibilizan su vida laboral y personal?

Todavía no es tan grande la cantidad de mujeres en lugares de liderazgo y persisten los preconceptos acerca de si llegó ahí es por qué no está casada, o está en pareja y no tiene hijos. Genera muchas dudas saber cómo manejan los tiempos. Por parte de los hombres, porque muchos siguen acostumbrados a que la mujer se haga cargo de la casa y de los hijos. La mujer, en cambio, busca una receta, un secreto. Su idea es: si ella lo está logrando, yo podría. Estamos en el momento de construcción de la participación de la mujer, buscando que el género no marque mandatos.

 ¡Si hace años que la mujer ingresó en el mercado de trabajo!

Es verdad. Pero el avance de los últimos tiempos es increíble. Un caso es el número de inscriptas en la facultad de ingeniería hace una década y las que hoy se anotan. Uno de los motivos es que la mujer se familiarizó con distintos productos o servicios. A medida que empezó a interesarse más por ellos, empezó a pensar ‘yo puedo trabajar en este segmento’. Lo vi mucho en el mundo automotriz.

Isela Constantini

¿Sigue dándose que si la mujer cambia su puesto de trabajo o va a tener más dedicación, lo negocia con su pareja y si ocurre al revés, no?

Si la mujer lo dice es porque siente que lleva la responsabilidad de la casa. Pero los más jóvenes o las segundas parejas, que ya vivieron las dificultades de las negociaciones en sus anteriores experiencias, buscan otro esquema. Siempre digo que uno tiene que mirar la realización de la familia. Una pareja es una familia. Más de allá de si tienen o tendrán hijos. Es fundamental acordar para que la felicidad del otro conviva con la propia. Escucho cada vez más hombres que deciden no viajar tanto y estar más en sus casas.

Otro hito importante en la carrera de Isela fue el anunció de su segundo embarazo –tiene dos hijos, de 15 y 13, con su primer marido, Samuel Russel, a quien conoció en General Motors y ahora, está en pareja con el empresario de seguros Fernando Cinalli.

Cuando se reunió con su jefe para contarle su noticia, él casi al mismo tiempo le dijo que la ascenderían a directora. Una vez superada la sorpresa de ambos, él le pidió que esperara unos meses para anunciar “su panza”.

Te esperaron para ese puesto, ¿creés que pasa los mismos en posiciones más bajas?

Ahí depende del jefe, más que de la empresa. A veces, el líder tiene más fuerza que la propia compañía. Porque ve el valor que aporta esa persona. Mucha gente deja su trabajo por problemas con su líder.

¿La maternidad es un motivo de discriminación para la mujer?

Creo que es el mayor desafío que tenemos las mujeres. Porque nosotras no sabemos qué esperar en esa maternidad. Es una incógnita. No es que voy a hacer una torta y la hago desde diez años y es la misma torta. En mi primer embarazo, mi jefe creía que iba a dejar la empresa. Era lo que había hecho su mujer. Yo pensaba que no iba a ser así porque mi balance es otro. Pero tampoco sabía si iba a poder cumplirlo. El hombre dice: voy a tener un hijo, necesito un aumento, tendré que trabajar más. La mujer piensa: no voy a poder buscar un ascenso.

¿Cuál sería la solución?

Tiene que haber políticas en las empresas que le brinden tranquilidad a la mujer. Desde licencias hasta reemplazos.

¿También más flexibilidad?

Eso es interesante. Lo vengo analizando desde hace mucho tiempo. Cuando los millenials se incorporaron al mundo del trabajo y empezaron a pedir horarios blandos, otro tipo de remuneración o de estilo de trabajo, quedó claro que eso era lo que las mujeres queríamos y algunas no se animaban a decirlo. El hombre, por otra parte, pensó: a mí también me gustaría. Por eso, creo que este segmento joven llegó para hacer disrupciones favorables para todos.

Hablás en tu libro de la imagen, ¿las mujeres tenemos que mostrarnos serias en nuestros trabajos?

Es subjetivo, depende del ambiente y de lo que uno quiera transmitir. Tu cuerpo habla, presenta tu posicionamiento. Mostrar cómo quiero que me vean los demás tiene que ser algo consciente.

Además, tuviste muchas críticas por el comentario “Si te pusiste un escote, hacete cargo de lo que va a generar”.

Desafortunadamente lo llevaron para otro lado. Son formas de verlo. Cuando empecé a trabajar en General Motors, el ambiente era muy masculino y yo quería que en las reuniones me evaluaran por lo que decía, no por mis curvas. Si, por ejemplo, para un casamiento formal vas de bermudas y ojotas, también te van a mirar mal.

Por Luciana Fava

Agradecimiento Fotografia: Prensa GST

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