MUJERES BOLEO: MELINA PILÓN

Dueña & Directora creativa de Pilón.

Un viaje: Barcelona, París, Milán con 20 años y una mochila.
Restaurant: Crizia – Palermo.
Fantasma: la vejez.
Virtud: la creatividad.
Sueño pendiente: volar en globo.
Una línea aérea: Lufthansa.
Marca de auto: Jeep.
Un destino por conocer: Londres.
Una película: Amelie
Una canción: Don´t cry, Guns and roses.
Un libro: “Cien años de soledad” (Gabriel García Marquez)
Un barrio: Palermo
Un perfume: Chance-Chanel.
Un defecto: la autoexigencia.
Un deseo: encontrar el equilibrio entre la exigencia y disfrutar.
Un día feliz: en el mar con mi esposo y mis hijos.
Una debilidad: Los zapatos, las carteras y los anteojos.
Tu mejor amiga de la infancia: Ivana Paluch
Perro o gato: perra.
Una ciudad dónde te gustaría vivir: Punta del Este.
Vino o champagne: champagne Brut Rosé.

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Cosas de mujeres, potenciar la fuerza emprendedora femenina

La Fundación Flor, creada por Andrea Grobocopatel, impulsa talleres y redes para encontrar el propio propósito y poner en marcha un proyecto personal a medida. 

Encontrar ese potencial personal, identificar qué queremos y deseamos hacer, darle forma e impulso a una idea que nos viene rondando hace tiempo o a un emprendimiento todavía incipiente, pueden marcar la gran diferencia para muchas.

Y justamente esos son algunos de los leitmotivs del programa Cosas de Mujeres, organizado por la Fundación Flor -Fundación Liderazgos y Organizaciones Responsables- creada y liderada por Andrea Grobocopatel.

Olimpia Cruz sabe bien de qué se tratan. Con 31 años, en pareja y con dos hijas pequeñas, participó en 2019 en el programa -a través de Mujeres en Barrio 31, de la Secretaría de Integración Social y Urbana del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires- y encontró el envión que estaba necesitando.

En un impasse en uno de sus trabajos -por el nacimiento de su segunda hija y una lesión de su marido que le implicó una larga recuperación-, llegó a uno de los talleres -con su beba de unos meses en brazos- y sintió que algo en ella se activaba.

“Siempre me dediqué a tejer. Pero no me animaba a vender mis productos y tampoco nunca me puse a pensar en la posibilidad de un proyecto más grande. Nunca terminaba de armar mi idea. Solo eran pequeños encargos”, cuenta a Boleo Magazine.

A partir de las charlas de Cosas de Mujeres, llegó a la conclusión que necesitaba armar su plan con plazos  -“Paso a paso, para que no dejar a medias la iniciativa”- y que mostrar lo suyo y que eso no repercuta en una venta no es una cuestión determinante -“Me generaba miedo ofrecer mis cosas. Ahora sé que a alguien pueden no gustarle y que no tenemos que perder las ganas por eso”. También aprendió, agrega, a organizar y administrar sus ingresos.

Una de sus próximas metas es armar una marca de ropa para chicos y de accesorios tejidos. Para eso, tiene en la mira convocar y darle trabajo a más mujeres que sepan el oficio. Otra, brindar clases de tejido y bordado en su barrio. “Estoy averiguando los precios de los materiales. Las actividades manuales se indican como terapia anti estrés y para quienes están perdiendo movilidad”, resume.

Además, está armando moños con perlas, “para empezar a vender”, dice orgullosa.

“Nuestra intención es que todas las mujeres podamos ser independientes económicamente, a partir de lo que cada una sabe hacer o de su descubrimiento en estos encuentros”, apuntala Silvia Muñoz, psicóloga, coach especialista en gestión de personas, y una de las facilitadoras y encargadas del programa.

Encuentros que dejan huella

Andrea Grobocopatel, creadora y directora de la Fundación Flor; Silvia Muñoz y Liliana D’Anunzio, facilitadoras y encargadas de Cosas de Mujeres.

La propuesta de Cosas de mujeres -un programa por el cual transitaron alrededor de 250 mujeres– está articulada en tres talleres.

El primero, apunta al autoconocimiento y a romper con los preconceptos y estereotipos que nos detienen. “Trabajamos con esas frases que desde nuestra infancia venimos escuchando. Como “Vos no podés”, “No servís para esto”, “No vas a lograrlo”.  Para romper con ellas y cambiar  modelos”, completa Muñoz.

El siguiente, coordinado por Valeria Laconich, está focalizado en la inteligencia emocional financiera. “Se habla mucho de los preconceptos sobre el dinero y cómo nos vinculamos con él. También creemos que la libertad económica posibilita elecciones y salir de situaciones de violencia”, explica Liliana D’Anunzio, licenciada en relaciones del trabajo, enfocada en procesos de modelos de aprendizaje organizacionales, y también facilitadora y encargada del programa.

El tema del tercer taller es la comunicación, como punto para abrir posibilidades. Sobre un proyecto elegido entre todas, “se trabajan los resultados a distintas acciones y se observan cuáles requieren ser modificadas. Cuando las cosas no salen como esperamos, tenemos la tendencia a tirar la pelota afuera. Lo que buscamos es involucrarnos y ser protagonistas”, dice D’Anunzio.

Entre los orgullos de Muñoz y D’Anunzio, amigas y ex socias, está la diversidad en los perfiles y experiencias de quienes se acercan al programa. “Eso es fantástico. Nos permite darnos cuenta de que a todas nos pasa lo mismo. Además, nos lleva a romper barreras y a traccionar entre todas”, agrega D’Anunzio.

Sobre lo que nos falta a las mujeres para un mejor posicionamiento en el mundo del trabajo, ambas coinciden en que se trata de ayudarnos genuinamente y desde el amor, acompañarnos, sacarnos las culpas y saber pedir ayuda. “Tenemos mucha auto exigencia, creemos que tenemos que saberlo todo y demostrar más y eso puede llevarnos a boicotearnos”, agregan.

“Mi vida antes era la casa y dejar a mi hija en la escuela. Con Cosas de Mujeres, abrí mi mente, empecé a pensar a mayor escala y a confiar en lo que hago. Además, conocí a muchas otras mujeres que están en la misma” concluye Cruz, más que agradecida.

Por Luciana Fava

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LA VICTORIA DE LA TIERRA COLORADA

Victoria Yoguel nacíó en el barrio de Almagro en la Ciudad de Buenos Aires, pero sus abuelos  litoraleños dejaron huella en su ADN. Hoy, esta chica de ciudad que se formó en la FADU, Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, se mueve leve como una libélula en medio de la selva misionera gestando un emprendimiento que sueña con volar alto.

Hace trece años conocía por primera vez Misiones, por entonces era una joven estudiante de diseño textil que junto a una amiga decidieron unas vacaciones diferentes. Armaron mochilas y se lanzaron a la aventura de experimentar la selva misionera lejos del circuito turístico habitual, conectando todos sus sentidos con el paisaje, los saltos de los manantiales, la tierra colorada y su gente amable.

“Fue un viaje increíble -cuenta Victoria a BOLEO. En ese momento estaba estudiando diseño textil y continuaba investigando fibras y tintes naturales. Me llevé una bolsita con tierra colorada e hice una primera experiencia de teñido”.  Fue una simple remera el primer lienzo en blanco que sirvió a Victoria para comenzar a desarrollar su emprendimiento que llamó “Tintatierra”.

“Seguí investigando el pigmento de la tierra colorada desde lo cotidiano, cada vez me fasciné más con su poder tintóreo y con la intensidad del paisaje misionero. Poco a poco fui creando una técnica de estampado natural aprovechando los recursos disponibles, estudiando y experimentando. Tenía mucho material y empecé a organizarlo y compartirlo, así en 2017 presenté el proyecto a un concurso (Viste Rosario), no quedó seleccionado pero fue una gran oportunidad para abrirlo y definirlo como Tintatierra. En esta época una amiga diseñadora, Flor Dacal, me compartió unas telas de puro algodón chaqueño tejidas por la Cooperativa Textil Inimbó que conoció en un viaje, ahí el proyecto me terminó de cerrar desde mi propia identidad y las materias primas de la región NEA.  Luego también incorporé el verde de la yerba mate para expresar los colores más predominantes del paisaje misionero: verdes y colorados”.

La tierra que deja huella.

Ese viaje de la jovencita mochilera dejó huella en la mujer que es hoy Victoria. Con el tiempo se recibió de diseñadora téxtil en la FADU y estudió también unos años de diseño industrial. Trabajó en el INTI  (Instituto Nacional de Tecnología Industrial) investigando nuevas aplicaciones para la fibra de lana y es coautora del libro “Objeto Fieltro”.

“Siempre trabaje desde el diseño sustentable -sintetiza Victoria a BOLEO, capacitándome e investigando fibras, técnicas de estampación natural y reutilización de materiales. Paralelamente realicé talleres de poesía y de arte visual, que sin dudas, también delinearon mi proyecto. Con Tintatierra estoy integrando todos estos aspectos de mi formación y forma de ser”.

Hoy Victoria tiene treinta y cinco años, y desde hace tres junto a su pareja encararon el proyecto de mudarse definitivamente con la familia a Oberá, a la tierra colorada. Quizás como mandato de sus ancestros litoraleños o quizás por que el gris de la ciudad  es demasiado gris cuando se contrapone con el rojo y el verde de la selva misionera.

La colección de Tintatierra, es un laboratorio de experimentación constante que van de diseños textiles para accesorios de moda, hasta paneles de stand corporativos de empresas yerbateras o cortinados para las mejores casas de decoración de Buenos Aires.

“En cada estampa, -cuenta Victoria a BOLEO, siento que se integran mis abuelos maternos Sofía y Pedro, mi abuela me contaba de los paisajes de su colonia en Paraguay, muy parecido al de Misiones. Ellos me transmitieron su vínculo con la naturaleza, mi abuela era muy creativa con los tejidos, la costura y la cocina. Mi abuelo Pedro era ucraniano criado en Chaco, también me transmitió el trabajo artesanal de cosecha del algodón que él mismo tuvo que realizar de niño”.

Lejos del gris de la ciudad, Victoria escribe en colores su propia historia y tiene un sueño, “poder organizar un equipo de trabajo que sea autónomo, unidades productivas que puedan representar un trabajo digno y creativo en Misiones; y a la vez, crear cápsulas de diseño con temáticas específicas junto a otros artistas para seguir investigando la construcción de la identidad misionera, tan compleja por cierto”.

Por Griselda Lopez Viegas

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El deseo sexual en caída: las ganas en franca retirada

Los sexólogos más reconocidos explican cuáles son los factores que pueden influir en la disminución de la libido y dan algunos caminos para volver a recobrar el erotismo y la pasión.

“Es tardísimo”, “Mejor, después/mañana/el fin de semana”, “Están los chicos”, “Me siento fundida/o”, “En las vacaciones nos ponemos al día”, “Necesitamos más tiempo”, “Me siento sobrepasada/o”.

Así, pueden pasar días, semanas y más; los encuentros empiezan a ser más espaciados; quedan en el recuerdo; o, sin pensarlo, llegan a la mínima expresión de intensidad.

El indicador es el deseo sexualesas ganas, impulso, chispa o interés que lleva al placer y que tiene su ciclo cambiante a lo largo de la vida y de acuerdo a circunstancias y momentos.

“El erotismo, la sensualidad, el sexo y la intimidad son las principales cuestiones que distinguen a la familia y a los amigos de nuestra pareja. Por supuesto que la pareja puede ser amiga o amigo. Pero esta desigualdad tan notoria es la que tenemos que tener en cuenta cuando pensamos en lo que nos está pasando a ambos con la dificultad, por ejemplo, de tomar la iniciativa para tener relaciones”, explica a Boleo Magazine la licenciada Mariana Kersz, psicóloga, sexóloga y directora del centro “Clínica de Parejas”.

Pero, ¿hay alarmas?, ¿son normales los períodos en baja?, ¿es iluso suponer que se puede mantener un ritmo up y constante con muchos años en el haber?
La opinión de Kersz establece la primera base: “históricamente y por falta de educación sexual, hemos pensado el deseo como algo espontáneo, natural, que nos pasa a todos sí o sí, y que, a lo largo de la vida, se mantiene relativamente en las mismas condiciones. Sin embargo, la realidad es que fluctúa y no tiene nada de espontáneo y natural”.

Sí, ¡hay que activarlo, hacer algo para que pasarlo a modo on! “Existe una idea general en que el interés debe surgir espontáneamente. Esto puede ser cierto para un adolescente o adulto joven. Luego merecerá una atención especial, sobre todo si se vive en pareja durante largo tiempo”, refuerza Walter Ghedin – médico psiquiatra, sexólogo, autor de “La vagina enlutada” –de Ediciones Lea-, entre otros libros.

Cuestiones de género

Que los hombres y las mujeres tenemos nuestras singularidades con respecto a la respuesta sexual es una obviedad. Pero “las oscilaciones, intensidad y diferencias con respecto al deseo sexual siguen siendo un motivo de estudio”, aclara Ghedin.

Un artículo publicado en la revista “Journal of Sex & Marital Therapy” –amplia el sexólogo- “concluyó que las mujeres son más propensas que los hombres a experimentar una disminución de la libido a medida que el vínculo amoroso progresa en el tiempo”.

Para este estudio se reunieron 170 hombres y mujeres de entre 18 y 25 años, con dos años de vínculo heterosexual. “Los investigadores coinciden en que es difícil extrapolar los resultados a vínculos constituidos por adultos de más edad y más tiempo de compromiso. Aunque la elección no es azarosa: pone en evidencia lo que sucede con el deseo sexual cuando comienza la efervescencia amorosa y todavía no se asumieron compromisos mayores”.

Las ganas, en escala

“El deseo sexual hipoactivo se refiere a la ausencia o pobreza de fantasías sexuales y a la inhibición de tomar la iniciativa en el momento de un encuentro. Lo cual genera muchas dificultades en una relación, porque se confunde fácilmente con la falta de interés en la pareja y afecta gravemente la autoestima de quien se siente rechazado”, puntualiza Kersz.

Esta condición puede ser persistente -que se haya dado a lo largo de la vida- o que se adquiera en cierto momento.

Sin embargo, sin llegar a una disfunción, hay momentos de baja, que merecen una mirada introspectiva y un ajuste, propio o de a dos.

Los motivos que pueden influir

  • El estrés diario o por una circunstancia puntual. Está claro que las crisis económicas y laborales repercuten entre las sábanas y son motivo de cimbronazos. “Hay quienes desfallecen después de las tareas cotidianas y solo resurgen los fines de semana, instalando una rutina difícil de modificar”, amplía Ghedin.  
  • Los problemas de pareja. “Las infidelidades, la falta de comunicación o amor y dificultades para ponerse de acuerdo en ciertas cuestiones, como la crianza de los hijos entran bajo la lupa”, dice Kersz. En un vínculo desgastado, que ya no cierra del todo o en vías de disolución, el deseo, inevitablemente, puede verse sacudido.
  •  Algunos temas orgánicos. “Los desequilibrios hormonales -que pueden ser la prolactina o la testosterona-, o alguna enfermedad de base -por ejemplo, la diabetes- son influyentes”, dice Kersz. Por mucho tiempo, se asoció a la menopausia con una baja del deseo. Sin embargo,

muchas mujeres vienen hoy esta etapa como un redescubrimiento del placer.

  • Estructuras y preconceptos personales. Están en este ítem los miedos, mitos, tabúes o falsas creencias muy arraigadas. “En muchos casos, el deseo sexual disminuido no es episódico, acompaña a la persona desde el inicio de la actividad sexual. Estas personas suelen estar reprimidas o con indiferencia afectiva”, agrega Ghedin.

Dar vuelta el historial

Hay formas que permitirán volver a ganar intensidad y que tienen que ver con lo que a cada uno o en la pareja suceda. Para ponerlas en práctica, el puntapié será pensar en los motivos que llevaron al desencuentro.

“Si las causas son orgánicas, se trabajará en conjunto con el médico. De todas maneras, somos seres emocionales y puede ser que un tema fisiológico no brinde todas las respuestas”, aclara Kersz.

Buscar una mejor conexión en el vínculo es otra clave. Una vida sexual satisfactoria requiere de dedicación y tiempo. Las salidas que salen de la monotonía, los ratos de relax o las escapadas pueden dar buenos frutos, sobre todo en las parejas de larga data. Si se trata de una relación que recién comienza, detenernos a pensar qué nos pasa individualmente y en nuestra historia, será fundamental. Una terapia sexual corta o focalizada puede ayudar a salir de este estancamiento.

“No importa cuántas veces a la semana, al mes o al año se tienen relaciones. La idea es pensar la sexualidad más allá. La pareja debería encontrar su propio ritmo, respetando la naturaleza de cada uno. Que ambos miembros no tengan exactamente el mismo nivel de deseo es inevitable e incluso esperable”, dice Kersz.

Viagra femenino y chips sexuales

Para las mujeres, la medicina aporta herramientas que merecen su apartado especial. “Una de estas alternativas es el viagra femenino o flibanserina. Está indicado para el deseo sexual hipoactivo en mujeres perimenopáusicas, actúa como un antidepresivo, tiene efectos adversos y hay quienes afirman que su efecto terapéutico no es superior al del placebo. Mientras que los chips sexuales, de hormonas bioidénticas o pellets hormonales se aplican a nivel subcutáneo y no hay demasiada evidencia científica de sus efectos”, aclara Ghedin.

No hay que dejar de remarcar que “el deseo sexual no responde exclusivamente a cambios físicos ni es mensurable. Los factores ambientes son de vital importancia, así como la capacidad personal y de la pareja para adaptarse a cada etapa”, finaliza Ghedin.

Por Luciana Fava

Crédito Fotos: Freepik

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