MUJERES BOLEO: SILVIA PONDAL RIOS

Ellas son mujeres BOLEO. Aman, piensan, disfrutan, sueñan, trabajan y viajan. Conocelas.

Un viaje: Venecia
Un Restaurante: Taillevent – Paris
Un fantasma: la soledad
Una virtud: la bondad
Una sueño pendiente: seguir viajando
Una línea aérea: Copa Airlines (tengo varias, pero en ésta mi
hijo es capitán)
Una marca de auto: Audi (no me interesan)
Un destino por conocer: Sicilia entre tantos otros
Una película: “Dolor y Gloria” de Almodóvar entre muchas
otras, es la última que vi que me gustó. “2001 Odisea del
espacio”, una de las primeras que vi y me gustó
Una canción: cualquiera de The Beatles
Un libro: “Casa Verde” (MarioVargas Llosa)
Un barrio: Notting Hill
Un perfume: Chanel entre otros
Un defecto: soy complicada
Un deseo: la alegría
Un día feliz: son muchos para elegir uno, elegir uno sería
traicionarme
Una debilidad: no haber sabido decir no durante muchos años.
La ropa y el make-up
Tu mejor amiga de la infancia: Tere
Perro o gato: ambos
Una ciudad dónde te gustaría vivir: London
Vino o champagne: vino

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El permiso de las canas: romper con el mandato de la tintura

Las sensaciones al dejar atrás la rutina de la coloración y los preconceptos que todavía existen con respecto a la feminidad.

¡Libertad! Esa es la sensación de las mujeres de entre 40 y 50 y pico al dejar atrás la rutina, constancia, hábito o esclavitud de las tinturas para cubrir las canas (porque para cada una esto implica un nivel de intensidad diferente); y redescubrir y vanagloriarse de la belleza natural y sin preconceptos del pelo gris, veteado, plateado o directamente blanco Ala impecable.

La tendencia tiene cada vez más fuerza y no solo está relacionada con un ciclo cumplido en la peluquería o haciendo malabares con el pomo del producto listo para usar y los guantes de nylon.

Para muchas, implica un guiño hacia un estilo natural; deshacerse de exigencias que son tomadas como naturales; reforzar una imagen más personal; y hasta una postura ideológica o política, en el sentido más amplio de la palabra, y acorde a los activismos propios de esta década.

Meryl Streep

Las mega estrellas son muchas veces las precursoras de este tipo tendencias y eso sucede en este caso. La maravillosa Meryl Streep, en 2006, deslumbró con una cabellera entre blanca y gris en la interpretación de una temible editora de una revista de moda de la película “El diablo se viste a la moda”. Y desde hace un tiempo, coquetea con mucho éxito con sus canas.

Otro ejemplo: la artista plástica Alexandra Grant, quien sorprendió en la gala Lacma Art + Film junto a Keanu Reeves. Está en la mitad de los 40 y luce con orgullo su pelo gris precoz.    

Las redes sociales también marcan un termómetro. Hay varios hashtags en Instagram que agrupan ejemplos de este fenómeno. #Grannyhair, con 349.000 publicaciones, y #greyhairmovement, con más de 23.000 y posts que alientan a seguir este estilo.

En Facebook, el grupo “Yo me atrevo a lucir mis canas” tiene cerca de 3.800 seguidoras y se convirtió en un espacio para buscar consejos en la transición anti tinturas -una etapa que, ellas cuentas, que genera más movilización de lo imaginado. “Bellas con pelo plateado”, sigue esta misma línea. Tiene más de 3.000 seguidoras e incentiva a las mujeres latinoamericanas a mostrar sus looks.

“Lo que quiero hacer”

“Me costó mucho lograr cada cana y las muestro. Son producto de la experiencia”, dice con satisfacción Teresa Garbesi, ex modelo, periodista y ahora, directora de un Parque Industrial en General Rodríguez.

Teresa Garbesi por Marite de Jesús

“Me teñía desde los 30 y a los 58 -nota: hace muy poco festejó los 59- dije basta. Todos los sábados de mi vida me hacía yo misma un retoque en la parte de arriba de la cabeza que me llevaba una hora y media, y una vez por mes iba a la peluquería. Soy muy estética y no me gustaba que se notara el crecimiento”, cuenta a Boleo Magazine y agrega que “llegar a la decisión no fue tan fácil”.

Su súper reconocido tono morocho -parte de su sello personal- varió hacia un platinado intenso para luego ir destiñéndolo y llegar a su pelo original, “que me da algo único, diferente”.

“Los ocho meses de transición me resultaron espantosos. Me bajoneé bastante. Hasta que vi el resultado, que es como un nacimiento, y dije: soy libre”, enumera, en un relato casi calcado al del resto de las mujeres consultadas.

Su ciclo interno, reforzado en su terapia, tuvo mucho que ver. La idea de “si no me libero ahora, ¿cuándo?”, en relación a seguir su propia voz y no una exterior- y con hijos grandes “que me enseñan muchísimo” tuvieron su peso específico.

Además, “yo quiero parecer de mi edad, no más joven. Tampoco tengo hechos retoques o cirugías en la cara ni me los haría. Nunca tomé sol, tengo buena piel y hago ejercicio”, cuenta.

“Pensamos que algunas cosas deben ser de determinada manera y si no nos convencen, está bien soltarlas”, concluye.

Con ideología estética

Sharon Haywood es la fundadora de la ONG AnyBody Argentina -parte de una asociación internacional que defiende la diversidad corporal y que a nivel local impulsó el proyecto de la Ley Nacional de Talles– e investigadora de temas de la apariencia en la Universidad del Oeste de Inglaterra.

Sharon Haywood

“Hace casi 10 años, tenía alrededor de 41, pensé en dejar de teñirme. No pude lograrlo en ese momento. Lo intenté varias veces y volvía. Ahora hace siete que no cubro mis canas”, detalla a BOLEO Magazine. La evaluación propia (que es la que cuenta): mucho más que satisfactoria.

En plena adolescencia y como herencia de una abuela irlandesa que a los 25 ya tenía el pelo blanco, empezaron a aparecer sus primeros mechones canosos y entonces, probó en Canadá, su país de origen, gran variedad de coloraciones fantasía y después, tintes vegetales.

A los 19, cuando notó pelos rebeldes de distintos tonos distribuidos en su cabellera, pensó que no tendría escapatoria a “teñirse de por vida”.

El tiempo y la reflexión sobre los mandatos de belleza la llevaron a advertir que eso de “para siempre” no encaja en una decisión estética.

Hoy: “Recibo muchos cumplidos no esperados sobre mi pelo. Muchos piensan que lo teñí de gris. Me da mucha gracia y respondo que estoy liberándome de estándares de belleza de mujeres grandes”.

“No teñirme es un acto político”, redondea.

Por un alisado mal hecho

“¿Y ahora?” Tal vez esa fue la primera frase que le vino a la cabeza en 2017 a Gabriela Delgado -técnica dental, de 47 años y una de las moderadoras del grupo “Yo me atrevo a lucir mis canas”- cuando, por un error, salió de la peluquería con su melena larguísima hecha una escoba.

“Tenía el pelo hasta la mitad de la espalda, morocho, divino. Me encantaba tenerlo impecable, cuidarlo. Soy muy detallista”, rememora.

Todos los días se lavaba la cabeza y al peinarlo, le daba la terminación final con la planchita.

Para recuperarlo de ese incidente con el alisado, se lo cortó ella misma, primero tipo Bob o Carré y después bien corto, siguiendo un video de YouTube, y decidió suspender los tratamientos químicos. “Siempre tenía un stock de 4 ó 5 tinturas. Me desesperaba la idea de no poder teñirme”.

Cuando se dio cuenta de que su cabellera tenía un 50 por ciento de canas y algunos de los tintes rojizos de su niñez, se entusiasmó. Además, advirtió que el pelo natural era más sedoso.

Las preguntas, opiniones -sin ser pedidas- y reacciones ajenas no tardaron en llegar. “¿Estás enferma?”, “parecés más vieja”, “qué dejada” o “¿por qué lo decidiste”, las más frecuentes. También, miradas sin disimulo.

Una situación que la divierte: quienes entran a su laboratorio de prótesis dentales miran sus herramientas y después, su pelo. 

“Dejarte las canas te lleva a cambiar el chip mental. Es una evolución. Es empezar a pensar que no necesitás tantos químicos para verte linda ni que estás abandonada. Me siento más segura de mí misma. El hombre con canas es seductor y la mujer es una bruja”, afirma. También la impulsó a usar ropa más colorida.

Un cambio extra: “Me importan mucho menos los comentarios de otros. Es mi cabeza y a mí me gusta. No hay una única forma de ser femenina”, completa.

Toda una transformación y a gracias a un producto mal aplicado. “Si no, no se me hubiera ocurrido”, concluye.

Por Luciana Fava

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Solteras 3.0: “Sin mandatos, deseos pendientes ni prejuicios”

La forma de armar los vínculos y encarar los proyectos personales de las mujeres hoy.

Emma Watson, en una nota para Vogue, se definió a sí misma como “autoemparejada” o “saliendo consigo misma. “Me llevó tiempo y ahora estoy más que feliz así”, dijo la actriz de Harry Potter en relación a su soltería y también habló de lapresión que existe para las mujeres con respecto a la maternidad, la carrera o los vínculos.

El concepto –self-partnered, en inglés- generó comentarios de distinta intensidad, a favor y en contra. Una de las críticas: por qué es necesario buscar nuevas palabras, cada vez más específicas, para los estados que conocemos desde siempre. Los elogios, en cambio, se refirieron a una instancia elegida y que genera bienestar y satisfacción.

La soltería es una decisión. Como en muchas otras situaciones, tiene que ver con el afuera –por no encontrar la persona justa o por la preferencia hacia proyectos personales-, y también puede darse en una etapa. Lo saludable sería decir: opto por esta forma en este momento y por este momento, y si llegara a darse otra realidad, cambiaré. Ninguna opción es para siempre”, explica la médica psiquiatra Graciela Moreschi, autora del libro “Con el reloj en el cuerpo”, de Editorial Urano, que trata sobre la manera en que el tiempo marca la vida de las mujeres y cómo aprovechar cada ciclo.

La postura es distinta a la espera o frustración y son cada vez más las mujeres que están en esta sintonía positiva. Para ellas, la vida social variada y activa, los intereses personales- laborales, artísticos, académicos, deportivos o de cualquier otro tipo- tienen un gran peso en el día a día.

Además, “no tener una pareja armada y estructurada no implica no salir, no tener relaciones. Puede ser que esa mujer tenga vínculos más libres, con menos compromisos. No es como antaño”, agrega Moreschi.

Una verdad irrefutable es que estar sin pareja no es estar sola. “Muchas mujeres solteras están bastante acompañadas”, dice Moreschi.

Recorrido unipersonal

La escritora, periodista y speaker Valeria Schapira sabe bien de prioridades en una cotidianeidad para una y anticipa que socialmente avanzamos varios cuerpos contra los preconceptos y prejuicios.

“Me casé a los 30 porque era muy vieja para ser soltera y me separé a los 34 años porque era muy joven para estar casada”, resume con ironía. “Estoy por cumplir 50. A mis treinta y pico, iba a cenar sola y me miraban raro. Ya cambiaron muchas cosas y no se piensa tanto en el mandato”, dice a Boleo Magazine la autora del “Monólogo de una mina sola”, “Caminos del alma”, otros tantos títulos y con uno nuevo en marcha sobre el mundo femenino.

Aunque, a pesar de los avances, reconoce que la interpelación “¿conociste a alguien?”, que puede ser tan invasiva, no quedó erradicada de la faz de la tierra. “La pareja no es un hueco a llenar. La mujer puede decidir no estar con otra persona o no tener ganas de conocer a alguien”. 

Y ante el pensamiento arcaico sobre “algo debe tener” al referirse a una mujer sola, refuta con claridad: “no sos menos jodida por estar en pareja. En una época, este pensamiento también se aplicaba al hombre. Nunca vas a conformar a los demás y no hay que vivir con ese fin. Siempre me importo nada la mirada de los demás y gasto poca energía en prestar atención a las opiniones ajenas. Llevo una hermosa vida y eso es lo que importa. También reconozco que hay ciertos temas que todavía me pesaban a los 40 y pico, hoy ya no”.

Valeria ama viajar, prefiere hacerlo sin compañía, y tiene una cuenta de Instagram, Viajo Sola Oficial, donde cuenta sus recorridos y experiencias. “Tengo un montón de amigos que quiero, con quienes podríamos ir juntos. Seguramente eso se dará a su tiempo”.     

Su conclusión y consejo: “hay que amigarse con nuestros propios deseos, descubrir qué queremos y no andar por ahí ofreciendo tanta vergüenza. Algo tan sencillo como eso”.

“Soy mi compañera ideal”

Eleonora tiene 44 años, es profesora de inglés, está en el tramo final de una licenciatura en esa lengua y proyecta, ni bien pueda presentar su tesis, lanzarse con una maestría. Siempre se dedicó a la enseñanza con alumnos particulares, en jardines y colegios primarios, y para no estancarse, necesitaba validar su título.

“A los 35, volví a estudiar y a los 43 di el último final. Fue mucho tiempo y esfuerzo invertido en mí. Lo precisaba para mi trabajo, pero también fue una evolución personal, un logro. Estoy muy orgullosa de haberlo alcanzado”, dice sin vueltas y con mucha seguridad.

Si la dedicación durante tantas horas -con cursadas full time los sábados, faltazos a cumpleaños y otras reuniones-, le resultó más sencilla o viable al no tener un vínculo formal ni hijos, es una pregunta abierta y con respuesta poco precisa. “Si hubiese armado una pareja en estos años, tendría que haber sido con alguien que me acompañe mucho en este proyecto, que era mi meta anhelada. Vi un montón de compañeras que no sintieron apoyo y tuvieron que dejar de estudiar”.

Las vacaciones son otro hito que muestra su forma de plantarse e ir por el mundo. Fanática acérrima de la playa, trata de escaparse cuando puede -mejor si es varias veces al año. Sus amigas saben que le gusta ir sola y muchas ni le preguntan si prefiere organizar en conjunto. “Si me voy con alguien, nos ponemos de acuerdo para que cada una sienta libertad en hacer lo que quiere o seguir sus horarios. En mi ritmo cotidiano, tengo mis tiempos constantemente y me siento bárbara conmigo misma. Por eso, siempre digo que soy mi compañía ideal”.

Hace muy poco se casó uno de sus amigos entrañables en otra provincia y ella organizó el viaje sin pensar si algún conocido iría. “Finalmente coincidimos con una compañera de colegio a quien hacía años que no veía. De todas maneras, no me lo iba a perder por tener que ir sola”.    

“Hay que elegir lo que una quiere y la haga más feliz. Yo me siento muy acompañada por mi familia y mis amigos y eso es invalorable”, concluye.    

Por Luciana Fava

Crédito foto portada: Sol Santarsiero para Ediciones B

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Espíritu emprendedor, maternidad consciente y economía circular

Desde Bra Agency, Paula Mandraccio pone el foco en una nueva forma de generar negocios y en integrar su visión de género a campañas masivas.

 

“A los 23 tuve a mi primera hija, Josefina, que ahora tiene 16. Fue una explosión. Una explosión de amor. Pero una explosión al fin. Su llegada me polarizó. Estaba encantada y al mismo tiempo, necesitaba más. Pensaba: yo tengo que salir”.

Paula Mandracciopublicista y creadora de Bra Agency-, resume así su punto de partida, de inflexión, su chispazo.

Había estudiado comunicación acá y en Estados Unidos, y estaba buscando trabajo. “Siempre tuve una necesidad muy grande de expresarme. Sabía que mi camino estaba en las palabras. Aunque no tenía muy claro en qué rama”.

Pero mucho antes, en un momento de reflexión adolescente sobre la feminidad, había descubierto la edición argentina de la revista Elle y las columnas de su editora de aquel momento, Ana Torrejón, se habían vuelto una lectura de culto.

Una tarde me rateé del colegio, fui a la redacción, me abrió la puerta ella, me hizo entrar, me mostró el lugar y quedé enloquecida”, cuenta Boleo Magazine, en una charla en el espacio de coworking donde instaló su oficina.

Entonces, en medio de ese tsunami físico y emocional de la maternidad reciente, se le ocurrió escribirle, recordarle ese día y pedirle una ayuda para “no quedar confinada a ser mamá”.

Fue una buena acción: empezó a escribir notas free lance en Elle y otras revistas y al poco tiempo, tuvo un llamado revelador, de Jorge Guinzburg. “Me dijo que le gustaba cómo escribía y que podía contactarme con un amigo suyo publicista”. A las tres semanas, Paula ya estaba haciendo relevamientos para una campaña de consumo femenino.

Encontré en la publicidad algo muy interesante. Eso de salir a mirar la vida y tratar de interpretar lo que la gente necesita. Con todo ese entusiasmo, fui a la escuelita de creativos y después, armé mi primer modelo emprendedor, unos bandidos que salíamos a hacer coolhunting –una tarea que se basa en detectar y anticipar tendencias”.

Nació Albertina -su segunda hija, que ahora tiene 10 años y “estaba agotada. La realidad es que yo era muy chica y no sabía hacer negocios”. Entonces, surgió la posibilidad de integrarse a McCann, uno de los nombres fuertes en el rubro. En paralelo, siguió su trabajo de crecimiento personal.

Al tiempo, advirtió nuevamente que tenía que dar un volantazo. Se sentía oprimida, veía que no había muchas mujeres en puestos de decisión y que su zanahoria estaba en armar su propia agencia.

La idea se convirtió en Bra Agency, el proyecto que lleva adelante desde 2014 y que le permitió implementar su propio enfoque o modelo de negocio, basado en una economía circular, un liderazgo con perspectiva de género y mucho énfasis en los procesos y lo personal.

Otra vez, la maternidad tuvo algo que ver. “Había nacido mi tercera hija, Margarita, me había mudado, estaba haciendo mi huerta. Me dije a mi misma: me mandaron a dormir, tengo todas las de perder, nadie espera nada de mí y, justamente por eso puedo generar cambios”.

Lo circular es algo más femenino. Tiene que ver con lo colaborativo. En Bra, compartimos utilidades y eso me permite tener los mejores talentos. Mi trabajo es alquimizar la energía de todos para poder concretar una idea. Soy una romántica empedernida y creo en la mística de los equipos”.

El mercado de la publicidad todavía se maneja con pautas de género muy estereotipadas, ¿cómo lo ves o tratás de modificar?

Salí a armar Bra con esa motivación y me di cuenta de que me debilitaba hablar desde ahí. Así fue como decidí guardar lo femenino para el proceso y el liderazgo. Soy colega de cualquiera, porque soy una profesional de la comunicación. Aprendí que no es necesario levantar una bandera para hacer los cambios. Por ejemplo, si para las compañías es difícil decir “les consumidores”, tengo que entenderlos y generar un punto de vista acorde al paradigma de esta época. Sin dejar de lado la perspectiva de género, porque así estoy formada y porque sé que es una oportunidad de negocio. Es indudable que las mujeres decidimos muchas compras.

Te hizo ruido el techo de cristal –los límites invisibles que impiden el ascenso de las mujeres en las corporaciones- y seguramente también viste la sobrecarga de muchas. ¿Hacen falta trabajos más flexibles?

La ley laboral está planteada por horas y eso está en contra de muchas situaciones propias de lo femenino. En ciertos trabajos o tipos de tareas, ¿si la mujer tiene un bebé chiquito que toma la teta, es necesario que vaya a la oficina rota, angustiada o sobrepasada?, ¿eso es un capricho, se juega el poder del jefe, su verticalidad?

Hay mucho debate feminista en Argentina, ¿vos cómo los ves?  

Creo que está todo muy mezclado, que falta una campaña global de valores, que incluya el significado de lo “femenino” o “ser mujer”. Para mí, ambos conceptos tienen que ver con dejarse entrar por la otredad, por estar más disponibles a la escucha, con la integración. Es un anteojo con el que ves la vida. Hay hombres que tienen este lado desarrollado. Los más jóvenes, especialmente.

¿La libertad económica es la base para el resto de las libertades?

Sin libertad económica no se puede hablar de feminismo. Si vos decís, “soy feminista”, le tenés que dar laburo a otra o hacer algo por tu compañera. Cuidarle al hijo, escucharla llorar, decirle: “vos podés”. Lo que sea. Estamos todas en la trinchera.

¿Ser mamá de mujeres te da más responsabilidad en llevar estos valores?

Mi mamá murió hace pocos años, literalmente, trabajando. Tenía un negocio de telas, no necesitaba ese ingreso y sí, tener su proyecto. Mi papá tiene 84 años y es la persona más moderna que conozco. Yo soy producto de ellos y mis hijas también. Ellas me dicen “no sabés lo difícil que es ser tu hija”. Y les contento: “lo sé, pero también sé que si no les muestro que con la maternidad no se termina todo, les estoy haciendo mucho daño. Porque van a tener algo que les queme adentro, como me pasa a mí, y van a querer vivirlo”.

Por Luciana Fava

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Mamás singles: “Mi deseo no estaba atado a una pareja”

Mujeres que desafiaron los mandatos sociales y el reloj biológico, usaron la ciencia a favor y no dejaron de lado su anhelo más inmenso.

 

El deseo más absoluto y ninguna intención de resignarlo. Un contexto que impone el “así” -en cuanto al modelo de familia- y “ahora” -por la biología que apura. Un por qué no. Mujeres cercanas que también se animaron. La convicción que fue moldeándose de a poco y a fuerza de trabajo interno.

Alguna o cada una de estas situaciones calza justo con el detrás de escena en la decisión de las madres solas por elecciónsingle mother by choice o solo mother– que van sumándose al modelo de familias monoparentales, tan en ascenso.

Mery y Agustin

En la historia de Mery -una diseñadora gráfica de 43 años que trabaja en una empresa de software para compañías de seguros- a la realidad propia y de sus amigas se sumó la presión de su cambio de década.

“El tema hijos no había sido mi prioridad. Mi punto era encontrar el amor de mi vida. Pero después de períodos de novia y otros sola, empecé a preguntarme qué era lo que verdaderamente quería”, cuenta a Boleo Magazine, en un ratito libre en su fin de semana, con Agustín, de dos años y medio, que se escucha de fondo. También empezó a replantearse si estaba tranquila con como tenía armado su día a día. 

Su ginecóloga ya le había advertido sobre la curva descendente en la fertilidad que se da a los 40 y a algunas amigas, en parejas estables, les estaba costando quedar embarazadas.

Entonces, decidió accionar. Consultó a una especialista en fertilidadAlbertina Paganini, quien fue clave en su recorrido- y se hizo los análisis para determinar sus chances reales de embarazo. Su mantra personal: no llegar a los 50 con el arrepentimiento por no haberlo intentado.

Los resultados de los estudios fueron alentadores. Aunque, no podían predecir qué pasaría en un año o unos meses. “Pensé: es ahora y tengo la plata para pagar los tratamientos”.

La segunda inseminación –se trata de una de los métodos de fertilización asistida más simple- fue exitosa. “Cuando confirmé el embarazo dije: ay, la puta madre. Las probabilidades eran bajas y no tenía demasiadas expectativas. Evidentemente tenía que ser”.

Mery y Agustin

Escogió a su cuñada -la mujer de su hermano- para que estuviera con ella y le diera la mano en la sala de parto, y en la vuelta a su casa, prefirió que quedarse sola con el bebé. “Tenía mucha necesidad de encontrarme con él, de conocerlo. Me ofrecían ayuda. Mi papá venía durante el día. Pero a la noche nos quedábamos los dos”.

Además, después del nacimiento pudo acceder a una carpeta con datos del donante de gametos, sin su nombre ni DNI. Allí él escribió que con su mujer les había costado mucho tener hijos y entonces quería ayudar a más personas. Ese texto la llenó de emoción y reforzó la convicción de haber acertado en el camino.

A los dos meses y medio de Agustín, volvió a trabajar. Primero en modalidad home office y ahora, con un mix. “Los primeros tiempos no tenía ayuda. Le explicaba a Agustín: ahora mamá va a trabajar y él se quedaba tranquilo. Se ve que es algo que incorporó. Es bastante inquieto y cuando le digo eso se pone a jugar solo”.

No hay dudas de que su formato de familia hoy está muy generalizado. Sin embargo, “en el curso de preparto siempre hablaban de madre y padre. Además, no encontré ningún álbum de recuerdos pensado para una mamá o papá solo. Compré uno, pero no lo usé. Me sorprende que no se hayan actualizado”.

Espera esperada

Montserrat, en el último tramo del embarazo de Ignacio. 

Montserrat -de 44 años, abogada y al frente de su propio estudio- también sorteó varias instancias y obstáculos hasta las dos rayitas del test.

La fecha de parto de Ignacio, su bebé en camino, está prevista para dentro de 45 días, unas semanas después de su cumple de 45.

Pero la decisión de encarar la maternidad viene de larga data. “Sentí que la vida tal como la venía llevando ya estaba. Lo que me faltaba era un hijo”, explica.

Así fue que a los 37 hizo una primera preservación de óvulos y la segunda unos años más tarde; después, tres tratamientos de baja complejidad y otros de los más sofisticados.

En el medio, apostó a relaciones que no funcionaron o no se afianzaron. “La pareja es para mí algo deseado. Pero los tiempos cambiaron y no quería quedarme sin ser madre por no tener un par”.

La organización para su nueva vida se lleva por estos días buena parte de su energía incalculable. “Como trabajo en forma independiente, no voy a tener licencia. Además, sé un bebé implica toda una adaptación”.

A punto de empezar una remodelación en su casa -que le dará más seguridad al bebé-, evalúa el jardín maternal más conveniente y cómodo para que una persona de confianza pueda buscarlo.

La logística para el día del parto ya está resuelta. Ni había terminado de pedirle a su tía más querida que la acompañara y ella ya le había contestado: “por supuesto, ni loca me lo perdería”.

Sus amigos también están pendientes. “Mi red de contención es muy grande. Me da mucha alegría la gente que nos elige -ahora a los dos- todos los días”.

Mamá por dos

Mara, mamá de Joaquín y Lorenzo

“Voy a esperar hasta los 30 para tener un hijo. Si no tengo pareja, me hago una inseminación”. Mara -que hoy tiene 46 años y trabaja en la empresa de su familia- deslizó esta frase un día cualquiera, cuando estaba en el secundario.

Su idea era casi de ciencia ficción para entonces -los años 90. De todas maneras, el deseo quedó a la espera.

A los 35, después de un by pass gástrico que le devolvió mucho bienestar, conoció al progenitor –como ella prefiere llamarlo- de sus dos hijos. “Me sentía muy plena y tenía el foco en ser mamá, más que en sostener un vínculo”.

Entre idas y vueltas entre ellos, quedó embarazada de Joaquín -que hoy tiene 11 años- y después, llegó Lorenzo, que cumplió 4. “Cuando estaba esperando a Loren, puse fin a esa relación tan resquebrajada. Fue una muy buena apuesta. Las mujeres embarazadas son sentimos invencibles. La embriaguez de las hormonas nos hace vernos todopoderosas”. A partir de ahí, encaró sola la crianza.

En ese posparto –sin contacto con el padre de los chicos- su apoyo fundamental fue un grupo coordinado por una doula – una mujer que ayuda a otras en el proceso de embarazo, parto y posparto. Además de su familia y amigas.   

“Mi deseo era tener dos hijos, para que vivieran el amor incondicional de hermanos, que para mí es muy importante. Hoy me enorgullece ver como Joaco cuida y protege a Loren, y como Loren sigue a Joaco”.

“Cada día tengo un desafío nuevo. Pero ellos son mi amor y mi corazón más allá de los confines del cuerpo, mi sueño llevado a la vida. Estoy cansada y tengo un trabajo titánico. Pero no lo cambiaría por nada del mundo”.

Por Luciana Fava

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Las madres de hoy: las millenials

Este 20 de octubre es el Día de la Madre y para celebrar esta fecha analizamos los gustos y preferencias de esta nueva generación de mamás.

La generación “millennial” es ineludible a la hora de hablar de cómo se vive la vida hoy, está representada por quienes nacieron entre 1980 y 1995, conforma en la actualidad el estrato de los jóvenes adultos que imponen sus preferencias en el mundo del trabajo, y también, de la vida familiar.

Sí, es que los y las millennial conforman la nueva generación de padres; y además al calor de este nuevo ritmo y de una nueva ola de mujeres fuertes, también ha nacido – junto con sus hijos, claro está- una “nueva mamá”.

Quienes forman parte de esta camada, tienen entre 30 y 40 años, viven conectados y organizan buena parte de sus vidas con el móvil, en jornadas impredecibles y cambiantes buscando siempre sus propios momentos.

Mercedes Grispo, una mamá de esta generación, tiene la “felicidad plena” de ser mamá de dos. “La maternidad te cambia al darte cuenta que hay alguien muy chiquito que depende de vos, que es feliz con solo sentirte cerca y está lleno de esa inocencia que uno pierde a lo largo de la vida”, dice y considera que ser mamá hoy es diferente a otros tiempos ya que “la mayoría trabajamos y cuesta estar en todo, lo que también hace que una corra y cueste disfrutar a veces momentos que deberían ser mágicos. Pero se puede compatibilizar ambas cosas y ese es el desafío al que nos enfrentamos y del cual nos las ingeniamos para salir airosos”. 

La tecnología es una gran aliada para lograrlo, “pido pañales por Bambox, utilizo Internet para casi todo: compras, pagos, búsquedas de información; en general todo lo que necesito”.

Mercedes es además, una de las monpet (mother with no personal time o “madre sin tiempo personal”).  

Para Mariela Mosciulsky –Fundadora y CEO de Trendsity “desde lo discursivo hoy hay mucha aceptación hacia la mayor igualdad de oportunidades, decisiones y roles. Pero luego en el funcionamiento de los hogares, el sesgo inconsciente sigue existiendo, hay contradicciones y culpas”, asegura la especialista. Por un lado, las mujeres tienen más claro que pueden tener sus tiempos, sus salidas con amigas y sus actividades fuera de casa. Lo reclaman como algo justo y necesario. Varias dicen yo también trabajo y tengo derecho a tener mi tiempo libre. Pero es algo más discursivo que otra cosa. No es del todo parejo aún. Estos cambios se ven más reflejados en los hogares de familias millennials”.

En el marco de parejas heterosexuales, mientras ellos organizan planes de carácter inamovibles, las mujeres aún tratan de encontrar huecos en su agenda.

Child give mother flowers. Family at home. Mothers day

Bajo este escenario de mamás hiperconectadas, con poco tiempo y con la necesidad de encontrar espacios propios y experiencias personales, el próximo Día de la Madre puede volverse una oportunidad para reflexionar al respecto y apoyarlas en esta cruzada.

La música es siempre sinónimo de un buen momento. Resulta un canal perfecto para conectar con las propias emociones y disfrutar; y más, si se trata de un evento en vivo.  Según datos de un estudio de StubHub –el marketplace de entradas de eBay- el 84,84% de los encuestados regaló o le gustaría recibir una experiencia como regalo.

Sin duda, las experiencias musicales resultan un gran acierto. Compartir un recital en familia o reservarle un lugar en su concierto favorito junto a sus amigas puede ser un plan ideal.

Paulo Londra, Shawn Mendes, No te va a gustar, Serrat y Sabina, son solo algunas de las propuestas que están en agenda y que aseguran la vivencia de un momento inolvidable. StubHub es una de las plataformas que nuclea eventos para elegir no solo en Argentina sino en cualquier parte del mundo, brindando la posibilidad de compatibilizar viajes y eventos.

En esta misma línea, una escapada puede ser también motivo de festejo, las nuevas tendencias hablan del slow travel o el viajar sin prisa. Sobre esta premisa, Lía Barros (mamá emprendedora) fundó Slow & Steady Travel Experiences. “Se trata de una nueva filosofía donde cada uno puede recorrer y conocer en detalle y a su tiempo, conectándose con los mejores sitios de la Patagonia“, precisó Barros.

Al mismo tiempo, los regalos clásicos también siguen sumando. “Si bien es cierto que las madres millennials son empoderadas, multitasking, poseen mente abierta y la principal tensión que enfrentan es equilibrar el deseo de ser madres con sus otros objetivos: el trabajo, el propio bienestar, y la posibilidad de no resignar sueños. Ellas son mujeres y como tales, aman las flores. Se trata de un detalle que nunca pasará de moda, ya que significan romanticismo y amor en su máxima expresión. Por eso sigo creyendo que una hermosa manera de alegrarles el Día de la Madre, es sorprenderlas con un bello ramo, una caja de rosas con chocolates, velas perfumadas o jabones, o una simple orquídea, es una opción que no falla“, aconseja la especialista en diseño floral Patricia Castro quien propone homenajear a todas las madres en su día con una propuesta que se adecué a la especial esencia que posee cada mamá.

Para otras mamás, recibir la oportunidad de formarse y lanzar o hacer crecer su emprendimiento puede ser un excelente obsequio y símbolo de apoyo. Tory Uranga (@toryuranga) capacita mujeres emprendedoras a nivel global y su oferta de cursos y talleres es más que motivadora para las mamás millennials que emprenden.

De este modo, para estas “nuevas mamás” tecnológicas, profesionales y ávidas de encontrar sus propios tiempos y espacios; hay muchas formas de apoyarlas y ayudarlas a lograr el equilibrio buscado.

Crédito Fotos: Freepik

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Los jóvenes que deciden emigrar: tres mamás cuentan sus sensaciones y contradicciones

Las nuevas generaciones se van del país buscando otros horizontes ¿Qué nos pasa a nosotras? Experiencias en primera persona.

 

Desde el mismo momento en que el ecografista nos confirma que estamos embarazadas, un sinfín de ilusiones nos atraviesan. No llegamos a transitar el primer trimestre cuando ya tenemos casi decidido el jardín, la escuela primaria y hasta la secundaria. Después, los vamos criando, como podemos, de la mejor manera que nos sale; les facilitamos medios, hacemos lo imposible para que el desengaño y la amargura los miren de lejos.

Estudian, se reciben y un día llegan como si nada y nos dicen que “les gustaría probar suerte afuera” o “hacer un máster”, “participar en un intercambio o programa de trabajo”, “recorrer el mundo durante un año”, “que se enamoraron de un o una extranjera”.

Y ahí sí, caemos bruscamente en la cuenta de que se soltaron de la mano, de que ya vuelan solos y que el trabajo nuestro está casi terminado.

Entonces, ¿cómo sigue nuestra vida? ¿qué vamos a hacer ahora que no están? ¿A quién vamos a cuidar o a esperar durante esas interminables madrugadas cuando salen?  ¿Cómo van a vivir sin su mamá cerca?

Y lo peor, ¿cómo vamos a vivir nosotras con ellos tan lejos? Pero el día llega. Para una, para otra; y así como si nada, los chicos se van.

Ahí es cuando agudizamos nuestro expertise en redes sociales, en Skype, WhatsApp y cualquier otra forma de comunicación.

También caemos en la cuenta de que siempre quisimos que fueran libres. Y es importante que puedan hacer uso de esa libertad, una libertad que tal vez nosotras no dispusimos: no viajamos tan jóvenes o no tuvimos la posibilidad de estudiar o iniciar un futuro en otro país. En definitiva, queremos adaptar a nuestros hijos a la modalidad de “ciudadanos del mundo”. Pero siempre y cuando no se alejen mucho de la parada del colectivo.

¿Cómo lo vivimos como mamás? Tres mujeres Boleo nos cuentan su experiencia.

“Mis hijos, por el mundo”

“Yo siempre soñé con una familia muy grande. Tuve seis hijos y deseaba pasar las navidades con 24 nietos. Pero resulta que cada uno vive en una parte del mundo distinta y sólo tengo tres nietos”, dice Alicia Facal, una trabajadora social recientemente jubilada que conversa con Boleo mientras visita a su hija María que vive en Helsinki desde hace siete años (antes estuvo varios años en Dublín).

Además de María, otros cuatro hijos de Alicia viven en el exterior: Sofía (de 39 años), en España; Josefina (35), en Zürich; Pedro (38) y Santiago (33), en Brasil y Francisco que se quedó en la Argentina y tiene 2 niños.

-¿Sentís que criaste a tus hijos para que salieran al mundo?

Siempre les dimos la libertad para que buscaran sus proyectos. Si era en nuestro país, mejor, y si no, donde fuera. Los estimulamos para que estudien. Sofía se recibió de psicóloga y se fue a Madrid a hacer un posgrado en género en la Universidad Complutense, conoció a un español y ahora vive en San Sebastián, María se fue a estudiar literatura inglesa a los 20 años a Dublín. Era muy chica, nosotros le pagamos los estudios y ella trabajaba en el aeropuerto. Josefina es abogada y se fue de vacaciones por tres meses al sudeste asiático. Allí conoció a un austríaco, se enamoró, se casó en Austria y se fueron a vivir a Zürich, porque ahí tiene más posibilidades de trabajar en inglés.

-¿Cómo es tenerlos tan lejos?

Los extraño un montón. Pero nos conectamos todo el tiempo. Antes por Skype, ahora por WhatsApp. Me envían fotos, me van contando el día a día, nos comunicamos mucho. Además, cada uno viene una vez al año y yo voy otra. Algunas veces elegimos un lugar que le quede más o menos cerca a todos -por ejemplo: Italia o España. El último encuentro fue para el cumpleaños número 65 de mi esposo. Los que estaban en Europa fueron a Florencia, estuvimos juntos en una casa muy grande. El año pasado, cuando cumplimos con mi marido 40 años de casados, también nos reunimos. Disfruto un montón de esos encuentros. Por otro lado, las tres chicas que viven en Europa se ven bastante seguido.

-Teniendo en cuenta la situación en Argentina, ¿te gustaría que volvieran al país?

-Sin dudas, ¡quiero disfrutar a todos mis nietos!

Buenos Aires/ Berlín

Recién aterrizada en Buenos Aires, después de visitar a su hijo Guido (29), Roxana Cardarelli, funcionaria del Ministerio de Educación, charla con BOLEO.

“Guido tenía un muy buen trabajo. Pero cuando se recibió de licenciado en diseño multimedia quiso hacer un viaje por el mundo con los ahorros que había juntado. Supuestamente iba a volver al año, aunque dejó muy claro que si conseguía algo interesante afuera se quedaba”, dice Roxana.

Eso último fue tal cual lo que sucedió: a los cuatro o cinco meses pasó por Berlín, se encontró con un grupo de compañeros de la facultad y una ciudad que le fascinó. 

Además, un amigo le dijo “solamente tenés que publicar tu CV en Linkedin y decir que estás viviendo en Berlín”. Al otro día de implementar ese consejo, tenía cinco entrevistas pautadas; al mes, ya lo habían seleccionado; y después de los tres meses de trabajo la misma empresa le estaba tramitando una visa de trabajo.

-¿Cómo se lleva él con su nueva realidad?

Él plantea que por unos cuantos años se va a quedar trabajando afuera. Tiene idea de volver, le tira la familia. Aunque, al mismo tiempo, dice que si Argentina no le ofrece las oportunidades para desarrollarse en su carrera y ser feliz, se quedaría. Todo el tiempo me habla de situaciones que le dan felicidad y en nuestro país prácticamente no se combina ninguna.

-¿Cómo vivís tenerlo lejos?

-Al principio sentía mucho miedo de que le pasara algo y yo no estuviera cerca. Entonces, habíamos organizado en la familia un sistema donde lo íbamos siguiendo. También me preocupaba que lo discriminaran por ser inmigrante, algo que puede pasar. Reconozco que me angustia no verlo. Por eso fui esta vez. Tenía vacaciones y algo de plata para el pasaje.

Otro de los hijos de Roxana- tiene tres-, Benjamín, economista, le acaba de anunciar que en diciembre piensa irse a Miami.

“Me resulta muy dolorosa la decisión de él, porque siente que el país no le está ofreciendo un camino”.

Roxana, de todas maneras, buscó darle el mejor mensaje. Con el ánimo estrujado, le dijo: “tenés una sola vida y tenés que hacer lo que el corazón te diga. Nadie puede limitarte”.

Continuar el círculo

Griselda López Viegas, editora de Boleo Magazine, se considera una hija de la inmigración. Su abuelo portugués llegó a los 18 años a la Argentina, huyendo de la guerra y su única hija partió a la misma edad a Nueva York.

Candela se fue a estudiar inglés por un corto tiempo, volvió, terminó libre la secundaria y empezó en Estados Unidos la carrera de Criminología. En un año se recibe y piensa hacer su posgrado en Estocolmo.

-¿Cómo se lleva tenerla tan lejos?

Por ejemplo, tengo en mi teléfono la hora de acá y de allá y el clima de acá y de allá. Porque uno también está en el lugar donde se encuentran los afectos. La tecnología ayuda mucho. Hablamos todo el tiempo. Aunque se extraña el abrazo.

“Ella siempre fue muy independiente. A la vez, allá está sola y no tiene ninguna contención familiar. Cuando voy, trato de crearle buenos recuerdos que la puedan hacer más fuerte ante la soledad y la nostalgia. Busco cocinarle con los aromas de la casa, llevarle música” dice Griselda.

Candela es una intelectual innata. A los cuatro años leía y escribía perfectamente. A los 8, ya se le había animado a la saga de Alejandro Magno. Habla francés, alemán, japonés, noruego y ahora estudia sueco, para enfrentar su próximo desafío académico.

Una imagen que le viene a Griselda es la de un Año Nuevo cantando tangos a los gritos en la habitación de su residencia universitaria.

-¿Querés que vuelva?

– Me gustaría que pueda crecer y ser feliz en su país. Aunque eso lo veo muy complicado. Yo la voy a apoyar donde ella quiera estar, sin importar que sea lejos. Creo que lo importante es que cada vez que vuelva sienta que nunca se fue.

Sandra Votta

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Cáncer de mama: transformar el dolor en superación

Dos testimonios en primera persona sobre mujeres jóvenes que atravesaron el diagnóstico y cumplieron sus sueños.

 

Al diagnóstico de cáncer de mama le siguen muchas otras instancias. Volver al ruedo cotidiano, poner en marcha proyectos pendientes, trastocar el orden de prioridades o hacerse eco de necesidades y deseos que empiezan a pedir pista; van rearmando la realidad de quienes lo atravesaron o están en pleno tratamiento. 

Porque con estadísticas que afirman que cerca del 90 por ciento de los tumores detectados en un estadio inicial puede curarse y entre el 40 y el 85 por ciento del total de los casos tiene un buen pronóstico, las etapas posteriores se convierten en el foco de atención.

Mamá por cuatro

La historia de Natalia Fernández lo refleja fielmente. A sus 28 años -hoy tiene 42-, se descubrió un bultito en una mama. “No tenía antecedentes ni el hábito de palparme”, cuenta a Boleo Magazine.

Su médico le indicó una ecografía, que tuvo un informe supuestamente tranquilizador: un fibroadenoma -algo benigno y muy frecuente. De todas maneras, le insistió a su ginecólogo que le hiciera la orden de una mamografía. “Me dijo que era muy chica, que no hacía falta. Pero, como no quedaba conforme, me recomendó ir a un mastólogo, que es el especialista en mamas”.

Decidió hacer la consulta en Buenos Aires -ella es de San Pedro- y consiguió un turno muy próximo en el Hospital Italiano. El médico apenas la revisó le dijo: “necesitamos ver qué es, pero hay que sacarlo”.

Ese mismo día le hicieron un nuevo estudio y “ni bien el ecografista vio en la pantalla la primera imagen se le transformó la cara y confirmó que tendría que operarme. Me dio su celular y se ocupó de acordar que me viera un especialista lo antes posible”.

Era viernes a la tarde y el lunes a la mañana ya estaba de nuevo en el hospital. El mastólogo que la había atendido inicialmente empezaba sus vacaciones -Natalia lo sabía- y entonces siguió cada paso con Francisco Corrao, uno de los referentes de la especialidad y que todavía la atiende.

Su secuencia continuó con una mastectomía -la extirpación total de la mama-, sesiones de quimioterapia, rayos y una menopausia química durante cinco años, producida con medicación -un tratamiento que se da en paciente jóvenes, para mantener las hormonas bajas.

“Hacia un año y medio que estaba buscando un embarazo y me bajoneó mucho pensar que podría no darse. Ya había tenido cáncer y también me pasaba eso. Mucha gente me preguntaba: por qué te pasa a vos, que sos buena. La verdad es que nunca catalogué a las enfermedades como un sistema de justicia”.

Superada la primera etapa -con la realidad asentada y las mejores noticias en los consultorios-, su oncóloga, Liliana Zamora, también del Hospital Italiano, le dijo una frase que a Natalia la desarmó por completo: “si la vida te da limones, podés seguir intentando hacer mermelada de frutillas, preparar limonada, condimentar una ensalada o lavarte las manos”.

Pensó en la limonada y en que había otras formas de ser padres, que no habían evaluado. Encararon, entonces, los trámites de adopción y tres años después de su diagnóstico, llegó a sus vidas Benicio, que hoy tiene 11 años, y al año siguiente, Vera, que tiene 10. “Fue una suma de coincidencias. Dos meses después de la llegada de Beni a casa, en Misiones, de donde son ellos, solo quedó permitida la adopción para residentes. Con Vera, pudimos hacerlo porque ellos dos son hermanos biológicos”, resume.

La felicidad ya era inmensa y podía serlo aún más. “Cuando Vera tenía dos años, la noche anterior a una mamografía, me doy cuenta de que hacía unos meses que no menstruaba. Pensé en un desarreglo hormonal. Pero, por las dudas, me hice un test. Las rayitas dieron casi flúo y aun así no se me cruzo por la cabeza la posibilidad de embarazo. Le escribo a mi oncóloga y me pide que vaya a verla antes de la mamografía. Ya ahí, me aclara: qué más puede ser que un embarazo”

Otra vez una ecografía en el momento y ahora sí, con una alegría infinita: Faustino -que ahora tiene 6- se veía formado. “Claro, ¡estaba de once semanas! Me puse a llorar como una loca”. Y tres años después, también con sorpresa, llegó Sabina.

“Ese es hoy mi familión. Lo que que en principio parecía trágico, se transformó en algo hermoso. No podría pensar mi vida sin Beni y Vera. Y sin haber pasado el cáncer, no hubiera llegado a ellos. Tampoco me imagino sin Fausti y Sabina, por supuesto. Ya me sentía muy plena con Beni y la vida me regaló mucho más de lo que esperaba. No todo el mundo tiene el privilegio de tener hijos de panza y no panza”. 

Su historia también la llevó a colaborar en un hogar de chicos de su ciudad. “Yo era muy quejosa, lloraba por nada, todo me angustiaba. Las pilas no eran lo mío y el cáncer sacó una mejor versión mía”.

Los bonus track: cuando nacieron sus hijos más chicos, sus médicos fueron a verla; su oncóloga una vez le mandó cartita a Vera, para que ella no se preocupara por los estudios de su mamá; y para su fiesta de 40, su mastólogo viajo de Buenos Aires a San Pedro.

Lolas para mostrar

Los 40 tampoco fueron una fecha más para Natalia Martínez, una esteticista que tiene su propio centro de belleza y una escuela de capacitación en Bahía Blanca y que ya cumplió 44.

Le pidieron por primera vez una mamografía y el resultado fue un shock: un tumor complicado en el lado izquierdo. Le indicaron una mastectomía y por prevención, ella decidió que también le extirparan la mama sana.

Enfrentar las cicatrices -que iban de lado a lado- fue otro trance a superar. “Las lolas eran la parte de mi cuerpo que más me gustaba y de repente no las tenía. No me puedo olvidar el día que me sacaron los apósitos y me vi los puntos. Además, cuando me bañaba ni me las podía rozar”.

Pero no se empantanó en ese obstáculo. Decidió hacerse una reconstrucción y descartó la idea de tatuarse las areolas, que es la alternativa más simple. “Imprimí cómo quedarían, me miré al espejo y no me convenció para nada, porque las marcas de las suturas igual se verían”.

Lo charló con su psicóloga y en esa sesión se imaginó su escote con un dibujo plantas y flores bien coloridas, que son su debilidad. Puso en marcha la idea y pensó que la persona indicada para implementarla era Diego Staropoli, un tatuador de Lugano que creó el Club de las Tetas Felices y ofrece gratis la reconstrucción de los pezones.

Viajó con su grupo de amigas a Buenos Aires para hacerlo. “Nos alquilamos un departamento y las cinco nos instalamos todo el día en el local de Diego. Me encanta como quedó. No verme la cicatriz, me cambió la cabeza en un ciento por ciento. Fue muy sanador”.

Este verano, en unas vacaciones en Punta Cana, se animó a hacer topless. “Pasé de estar acomplejada y con vergüenza a mostrar mis lolas en el Caribe”, recuerda muy orgullosa y divertida.

Natalia no pasaba por alto los controles ginecológicos y su médico le decía que no hacían falta los estudios mamarios, porque no había tenido hijos. Aunque las sociedades médicas dan esta situación como de mayor probabilidad.

“En un primer momento, me preguntaba por qué no había podido prevenirlo -aunque solo se puede llegar a una detección precoz,que es cuando las posibilidades de curación son más altas-. Ahora sé que te toca y te toca y trato de inculcar lo importante que es controlarse. Hay amigas que no van al ginecólogo. Creo que todavía falta mucha concientización”, dice.

Además, si sabe que alguien lo está pasando, busca acompañarla y darle un mensaje positivo. “Trato de decirles lo que me hubiese gustado escuchar”.

Sobre el baldazo que genera el diagnóstico, Natalia insiste “en el estado de ánimo, en no quedarse con la bronca y el resentimiento. Es un trance difícil. Hay una etapa de llanto o tristeza y hay que pasarla. Pero con alegría y una buena actitud se puede llevar y salir adelante. Lo mejor es aferrarse al amor”.

“Después de pasar por el cáncer, ves todo con otros ojos, empezás a relativizar muchas cosas. Me encanta vivir y tengo el regalo del universo de disfrutar cada día a pleno. Siempre fui una persona positiva y con esto, redoblé mi apuesta”.

Tatuajes de Natalia

Luciana Fava

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Joyeras contemporáneas: “El lujo hoy es usar una pieza única”

Las creadoras de piezas de arte para usar. 

 

Algo que le escapa a lo común, que tiene una cuota de extraordinario, que sale de lugar, que no sigue el orden esperado.

Cualquiera de estas frases define acertadamente el concepto de “lujo” y también revela el norte que persiguen las joyeras contemporáneas.

Formadas en escuelas especializadas o con un paso exitoso por cierta rama del diseño; crean cada pieza con una mirada minuciosa, buscan formas singulares y sorprenden con un uso original de los metales o de materiales inesperados.

Valeria Depaolini sigue a rajatabla estos criterios. “Siempre me gustó regalar cosas que fueran distintas y pensadas especialmente para esa persona. Para los cumpleaños u otras fechas especiales, dibujaba en un papel, por ejemplo, un colgante o un anillo y lo llevaba a una artesana de la zona de Quilmes, el lugar donde vivo. Un día ella me dijo: ‘cuando entra un pedido tuyo, todo el trabajo del taller se desordena; ¿por qué mejor no estudiás joyería y aprendés a hacer lo que querés”, cuenta divertida, a Boleo Magazine.

Valeria Depaolini

A Valeria le pareció un plan tentador. Siempre había pensado que se trataba de un oficio transmitido de generación en generación y jamás imaginó que hubiera cursos específicos.

Por otro lado, advirtió que la joyería era muy afín con sus intereses. Durante quince años -hasta el nacimiento de su primera hija-, trabajó en agencias de publicidad. Además, siempre le gustaron las actividades relacionadas con las habilidades manuales y la historia -entre ellas, la restauración de muebles y la técnica de vitraux.

Entonces, puso su energía en las clases y con las técnicas ya aprendidas, llegaron los primeros pedidos de sus conocidos y las insistencias para que lanzara oficialmente su línea de “arte portable”, como le gusta llamar a sus objetos.

Los rasgos distintivos de sus colecciones: “los dibujos que plasman formas de la naturaleza que otros pasan por alto o de componentes que suelen desecharse -como carozos o cáscaras de frutas-, figuras geométricas o relacionadas con el Universo”, enumera. Todos, hechos en plata, bronce o en una aleación de metales, con vetas coloridas.

Su producto estrella: los anillos. “Mi fuerte son las manos. No es loco que los prefiera”.

¿Qué busca una mujer en sus diseños? “Sentir que algo fue hecho para ella, que tiene un valor agregado. El tiempo es lo más precioso que tenemos y si una persona te lo dedica con la creación de una belleza, ¡cuánto más significativo es!”, redondea.

Otro punto que destaca es su preferencia por el contacto directo con sus clientes –por eso vende en su propio espacio-, para transmitirles las características de cada versión disponible. “Mis obras tienen vida por si solas. Llaman la atención, pero no desde la ostentación ni de la moda”, concluye.

Sin metales

A partir del cuero y el acrílico también pueden lograrse ediciones de joyería. La pauta la dan los modelos de Iskin Sisters, la marca conformada por Gabriela -diseñadora industrial- y Karina -licenciada en administración de empresas.

Gabriela y karina

Con collares compuestos por círculos, triángulos o cuadrados, gargantillas con flecos o líneas zigzagueantes, brazaletes que indefectiblemente se convertirán en un punto de atracción o aros XXL, reafirman que la creatividad, con exuberancia medida, es un plus muy buscado en estos tiempos.

“Resignificar los materiales acostumbrados para otro tipo de elementos transmite un concepto disruptivo. En nuestros productos, el valor está puesto en el trabajo en sí”, resume Karina.

Desde sus inicios, en 2004, este patrón funciona como una guía de estilo. En la primera serie de objetos ideada por Gabriela, cuando todavía no habían conformado la dupla comercial, reinaron el aluminio y el acero inoxidable -poco convencionales en este segmento-, luego adoptaron las materias primas que se convirtieron en sus sellos distintivos.

La confección a mano es otro de sus orgullos. “Parte de la producción es realizada por mujeres que capacitamos en este oficio y trabajan desde sus casas”.

Sobre la sociedad entre hermanas, Karina remarca que siempre se llevaron muy bien y que cada una se ocupa de áreas específicas. Por otra parte, “nuestras hijas también son muy amigas”.

Naturaleza camaleónica

Accesorios que puedan ir tanto para realzar un jean y una remera blanca como para completar un look de fiesta. Esa es una de las definiciones que tiene en mente Leticia Gelosi, fue seleccionada en el 2017 en el Concurso de Artesanías Tradicionales y Contemporáneas del Fondo Nacional de las Artes.

Leticia Gelosi

Diseñadora de interiores y con años de estudio de la licenciatura en arte, cuando hace doce años conoció el mundo de la joyería y del manejo de los metales -trabaja con plata y bronce bañado en oro- sintió que ahí estaba lo suyo.

“Puedo pasar todo el día en el taller y no me doy cuenta. Depende de la pieza, tardo horas o meses en hacerla. También suele sucederme que me cueste terminarlas y un día les encuentro mágicamente la vuelta”, cuenta a Boleo Magazine.

Esta forma de trabajo cobra más significado al subrayar que Leticia realiza mayormente prototipos únicos o a lo sumo cuatro o cinco ejemplares de cada uno. “Hay un interés por lo distinto y este tipo de líneas lo brinda. Hago pequeñas esculturas para llevar sobre la piel”, opina.

Una satisfacción: que a una clienta le cueste decidirse entre un objeto y otro. “Es un gran halago para mí”.

Por Luciana Fava

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Mujeres Boleo: María Elena Guerrero

Ellas son mujeres BOLEO. Aman, piensan, disfrutan, sueñan, trabajan y viajan. Conocelas.

 

Odontóloga M.N. 19.780

Un restaurante: La Mar

Un fantasma: la pérdida de la salud 

Una virtud: tratar siempre de ser auténtica 

Un sueño pendiente: conocer el Taj Majal 

Una línea aérea: LATAM

Una marca de auto: Honda 

Un destino por conocer: India 

Una película: Cinema Paradiso 

Una canción de la adolescencia: Hotel California (Eagles)

Un libro: Ningún lugar está lejos (Richard Bach)

Un perfume: Midnight Romance

Un defecto: me molesta la gente 

Un deseo: Que la gente que quiero no se enferme.

Un día feliz: 1997, Nueva York, Los Miserables en fila 4, y cena en el restaurant giratorio del Marriot Marquise… noche perfecta. 

Una debilidad: mis sobrinos 

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