Breves de Amores: Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre

Que el amor no desuna lo que la filosofía ha unido

Simone de Beauvoir y Juan Paul Sartre se conocieron en 1929 cuando presentaban el examen final de Filosofía y mantuvieron una relación tan libre y profunda durante toda su vida. En esa exposición, él obtuvo el primer puesto; y ella, el segundo. Pero el cuerpo de profesores sabía que la verdadera filósofa era ella.

Durante 51 años compartieron sus obras, sus vivencias e, incluso, sus amantes, que pasaban del uno al otro sin el menor escrúpulo.

Sartre era muy machista, y, a la vez, un seductor empedernido que necesitaba coleccionar mujeres, preferentemente más jóvenes, para sentirse realizado.

Simone siempre le gustó a Sartre porque tenía la inteligencia de un hombre y la sensibilidad de una mujer.

Por otra parte, era tal la admiración y la devoción de Simone hacia él que si ella estaba con algún amante y él la llamaba para una corrección de su obra, ella dejaba todo y salía corriendo a su encuentro. “Nada, ni tú ni mi propia vida, está por encima de la obra de Sartre” le dijo alguna vez a su amante y se marchó a París.

El día de la muerte de Sartre, ella protagonizó una de las escenas más terribles de su historia. Narró la muerte de Sartre. “Sus últimas palabras fueron “la amo mucho, mi querida Castor”, contó. Luego, según su relato, la besó en los labios, cerró los ojos y murió.

La realidad es que cuando Sartre murió, a causa de una neumonía, quien estaba con él era Arlette y cuando llegó Simone intentó meterse en la cama con el cadáver. Sin embargo, la heredera legal, injustamente de los textos de Sartre fue Arlette. Simone quedo destrozada.

Fuentes
“Memorias de una joven formal” Simone de Beauvoir
“Amores de la historia” Alicia Misrahi

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BREVES DE AMORES: El elefante y la paloma

Frida Kahlo sufrió a los 18 años un accidente que marcó su vida y su arte para siempre. Unos años más tarde acudió a Diego Rivera para pedirle opinión sobre sus pinturas. Él, que ya tenía “todo un pasado” e hijas con otras mujeres, le hizo prometer que no dejaría de pintar y le cambió la imagen, Frida comenzó a usar trajes de colores y las blusas tradicionales de México.

Se casaron en 1929 y él le llevaba 20 años. Sus amigos se burlaban de ellos y decían que parecían un elefante y una paloma.

Frida tuvo tres embarazos frustrados. Diego la amaba con locura y la dañaba con igual pasión. “Cuanto más la amaba, más deseaba hacerle daño” confesó él. Pero si él le fue infiel, ella no se quedó atrás. Aunque Frida nunca pudo perdonarle a Diego que la engañara con su hermana menor, Cristina, pero a la vez se sentía tremendamente responsable porque ella no podía darle la atención que Diego necesitaba.

La amistad de Diego con Trotsky puso en peligro la relación y acordaron divorciarse en 1940 y estuvieron separados menos de un año. A los pocos meses volvieron a casarse.

“El día que Diego se muera, yo también moriré con él, no pienso vivir sin él porque es todo para mí” escribió. Las últimas palabras de Frida en su diario fueron “espero que sea alegre y espero nunca regresar”.

Él volvió a casarse al año de la muerte de Frida.

Fotos: Pinterest

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Belén Colombo, entender la publicidad como una oportunidad para la inclusión

La visión sobre la diversidad y los cambios en el mundo del trabajo de la Gerente Senior de Comunicaciones Integradas de Marketing de Coca-Cola Cono Sur.

A Belén Colombo le sienta bien hablar y poner en práctica la noción de “oportunidad”. Menciona esta palabra a lo largo de la charla con Boleo Magazine y, como Integrated Marketing Communication Sr Manager y Marketing Capability Lead South Latin Business Unit at The Coca-Cola Company, durante 2019 realzó al máximo este concepto. 

Porque -en tiempos de nuevas reivindicaciones y parámetros más profundospara definir la inclusión y la diversidad– llevó adelante campañas que muestran otra cara de la publicidad.

El aviso de Sprite “I love you, hater”, multipremiado y con un claro mensaje contra las agresiones en las redes y a favor de la autoaceptación, es uno de los ejemplos contundentes. También, entre otros, el del día de la mujer, basado en el tango “Yo soy así” y que reunió a personalidades públicas que recibieron críticas en distintos momentos y remarcan la conformidad consigo mismas.

“Creo que si una publicidad logra dar voz, habilitar ciertas tensiones sociales, generar impacto e integrar distintas miradas, la ganancia es enorme. Porque una marca quiere vender y, de repente, no te está vendiendo, te está llamando a conectarte con algo distinto. Haber trabajado en esto me pone una piel de gallina linda. Me hace sentir: mirá lo que se obtuvo. A eso me refiero con oportunidad”, dice a Boleo Magazine.

¿Sumar valores es uno de los desafíos que tienen hoy las marcas?

Yo lo veo al revés. El desafío es cómo conectar tan estrechamente con los consumidores para que cuando uno no esté en la sala te defiendan. Esa es la manera para diferenciarse: captar lo que al público le interesa y cómo colaborar para que eso tenga un impacto social. En este sentido, incluir valores es la consecuencia de una relación más profunda, tiene que ver con un impacto cultural.

Con tantos nuevos movimientos sociales y cambios en los parámetros de inclusión y diversidad, ¿la publicidad necesita ser muy perceptiva?

Hay que estar al tanto. Pero no es solo eso. También hay que entender el cómo. Desde nuestro lado, debemos tener la humildad para poner a todos los actores sobre la mesa y aprender. Que no sea algo direccional. Eso tendrá más impacto.

¿Un logro máximo en cuanto a diversidad e inclusión sería, por ejemplo, una mesa con padres del mismo sexo y que no se hable de eso?

Como sociedad, para eso nos falta. Hoy necesitamos remarcar determinados mensajes desde los medios, la publicidad, desde distintos lados. En algún momento no va a ser necesario. Hay mucho por avanzar y lo bueno es que estemos en ese camino, porque es una forma de democratizar los temas. 

El recorrido profesional de Belén también muestra su capacidad para dar un giro en el momento buscado. “Estudié economía, trabajé en un banco y como me aburría, decidí hacer un máster en marketing. Tiré un currículum en Coca- Cola y entré como joven profesional. Hace 15 años que estoy en la compañía. Pasé por varias divisiones, siempre en marketing: nuevas bebidas, sparkling (en este grupo está Coca-Cola). Ahora me ocupo de la estrategia de comunicación de las marcas. Me manejo con muchas agencias de distintos tipos”, resume.

¿Te movilizó más lo creativo?

Me gustó más el tema de las estrategias de comunicación y el impacto en el consumidor. Más que un Excel y solo eso. De todas maneras, manejo los presupuestos. Porque, como me llevo bien con los números, me siguen buscando para tal cuestión.

¿Contratar más mujeres es una forma de contribuir al empoderamiento?

Este es un momento un poco bisagra. Creo que hay que seguir trabajando sobre la mujer. Pero va a llegar un momento en que vamos a hablar de experiencias, de bagajes, de qué hace diferente a cada uno, y, cuando formemos un equipo vamos a ir un poco más lejos. Lo mejor, para mí, es la inclusión y la diversidad. Salir de una única perspectiva. El género vendría después. La sexualidad no tiene por qué interesarme.

¿Por eso hoy es antiguo hablar de liderazgo femenino?

Sí. Quedó atrás. Está tan naturalizado que ya no tenemos que hablar de ese tema, tenemos que ir por otro lugar, que es lo ideal que pase.

De todas maneras, te debe pasar que te pregunten más por tu vida personal que a un hombre….

Todavía hay un montón de cosas para erradicar. Sí, creo que estamos todos unidos, tratando de entender y aprender. Por eso, mi perspectiva es que voy a ser inclusiva si me rodeo de personas que tengan experiencias distintas. Para eso tenemos que empezar a respetar que no todos pensamos igual ni queremos o valoramos lo mismo. Eso busco en mis equipos.

¿Las generaciones que se incorporan ahora al mundo del trabajo vienen a cambiar las reglas?

Las reglas ya están cambiando un montón. Ojo, hablo por mi experiencia. Por ejemplo, si para muchos es muy importante volver a su casa a determinada hora por su vida familiar, tener hobbies o cuidar el resto de sus valores; para que quieran trabajar ahí, esa compañía tendrá que hacer que la mayoría de las personas se vaya a determinada hora. Esa un poco la postura que persigue la generación Z -que son los que le siguen a los millennials– que tienen muy naturalizadas algunas de estas cuestiones, quieren cambiar el mundo, y, sin darse cuenta, empujan causas que concuerdan con las de las mujeres.  

Por Luciana Fava

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Franca Ruderman asume la cocina de Fayer Buenos Aires

Aunque se formó en el Instituto Argentino de Gastronomía, Franca Ruderman se define como una verdadera autodidacta. Después de dos años de aprendizajes en Fayer, hoy comparte -junto con Martín Mannelli- el liderazgo del equipo del restaurante de cocina moderna israelí y parrilla argentina. 

Franca Ruderman será la encargada de liderar junto con Martín Mannelli el equipo de cocina de Fayer Buenos Aires, y darle continuidad al trabajo que ambos venían desempeñando con el cocinero Mariano Muñoz, quien ahora asume los fuegos de Fayer Madrid en España. Esta nueva sucursal del restaurante abrirá sus puertas el próximo mes de febrero en el barrio Almagro, del distrito de Chamberí, un polo gastronómico importante de la ciudad rodeado de embajadas, galerías de arte y elegantes residencias.

Franca Ruderman, quien se define como una verdadera  autodidacta y enamorada de su trabajo, dio sus primeros pasos en el rubro en el año 2015 como Jefa del equipo de cocina de Camping, en el BsAs Design, al mismo tiempo que transitaba su formación en el Instituto Argentino de Gastronomía (IAG). Tras un cúmulo de experiencias, en el 2018 llegó a Fayer donde aprendió todos los secretos de la cocina especiada israelí de la mano de Mariano Muñoz; recetas que le resultaban muy cercanas por su descendencia y costumbres judías.

El rol lo compartirá con Martín Mannelli -otro apasionado de la gastronomía levantina-, formado en la escuela Bue Trainers, con vasta experiencia en el área y más de 2 años de trabajo en Fayer, en donde imprime a cada plato su sello característico.

Hoy,  ambos cocineros asumen el compromiso de seguir conquistando el paladar de propios y foráneos que encuentran en Fayer la combinación perfecta de platos típicos de la cocina judía del Medio Oriente con su propuesta de parrilla argentina israelí. En el restaurante se puede degustar desde el clásico Falafel servido con salsa tahina y lebaneh, hecho con garbanzos provenientes de Salta de producción propiaHummus de remolacha asadaBabaganoush y hasta un Ojo de Bife de novillos pampeanos pesados; carne KosherMollejas de corazón,Entrañas, entre otros. Como punto distintivo del lugar el Pastrón con hueso es curado durante 10 días en una mezcla de sal, azúcar y 13 especias, ahumado en frío durante 8 horas y finalmente cocinado al vacío a baja temperatura durante 24 horas. Un plato que convoca el esfuerzo de todo el equipo de cocina integrado por 12 personas.

Fayer replicará su concepto gastronómico en la sede de Madrid incorporando productos locales. Para este proyecto ejecutado vía Food Macro -un fondo de inversión liderado por los empresarios y emprendedores Martin Loeb y Alejandro Pitashny– se convocó a un gran equipo integrado por la reconocida arquitecta Alejandra Pombo, realizadora de algunos de los restaurantes más emblemáticos de la capital española; Alejandra Ansón, al frente de Ansón & Bonet, la consultora más importante del rubro gastronómico en España, y la directora de obra, Julieta Barrionuevo de JUUBRN. Además, una obra del artista Leandro Erlich será insignia del restaurante madrileño.

Sin lugar a duda, la cocina de Fayer continúa reinventándose y próximamente conquistará paladares en otras latitudes. 

Fayer Buenos Aires
Web: www.fayer.com.ar
Instagram: https://www.instagram.com/fayerba/
Facebook: https://es-la.facebook.com/fayerbuenosaires/

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MUJERES BOLEO: Claudia Arias

Dueña & Directora de gestión  Claudia Arias. Docente en Diseño de Indumentaria y Textil UM.

Un viaje: Islas Canarias en 2019, un destino que nunca soñé.
Restaurant: Cebo en Madrid y Mishiguene en Buenos Aires .
Fantasma: La amnesia
Virtud: La perseverancia.
Sueño pendiente: Una carrera más, relacionada a la gestión.
Una línea aérea: Emirates.
Marca de auto: Honda.
Un destino por conocer: Marruecos.
Una película: La elección de Sofia.
Una canción de la adolescencia: Las de Nicola di Bari.
La canción: Bed of roses, Bon Jovi.
Un libro: El arte de amar, Eric Fromm
Un barrio: Barra da Tijuca en Rio de Janeiro y West Village en NYC.
Un perfume: Escape de Calvin Klein (no puedo encontrarlo).
Un defecto: Soy “pica sesos”.
Un deseo: Dejarles un país mejor a las futuras generaciones (suena difícil)
Un día feliz: Un día en la playa de Barra da Tijuca.
Una debilidad: El chocolate.
Tu mejor amiga de la infancia: Maria Luisa Poggi.
Perro o gato: Perro.
Una ciudad dónde te gustaría vivir: Río de Janeiro.
Vino o champagne: Champagne.

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MUJERES BOLEO: MELINA PILÓN

Dueña & Directora creativa de Pilón.

Un viaje: Barcelona, París, Milán con 20 años y una mochila.
Restaurant: Crizia – Palermo.
Fantasma: la vejez.
Virtud: la creatividad.
Sueño pendiente: volar en globo.
Una línea aérea: Lufthansa.
Marca de auto: Jeep.
Un destino por conocer: Londres.
Una película: Amelie
Una canción: Don´t cry, Guns and roses.
Un libro: “Cien años de soledad” (Gabriel García Marquez)
Un barrio: Palermo
Un perfume: Chance-Chanel.
Un defecto: la autoexigencia.
Un deseo: encontrar el equilibrio entre la exigencia y disfrutar.
Un día feliz: en el mar con mi esposo y mis hijos.
Una debilidad: Los zapatos, las carteras y los anteojos.
Tu mejor amiga de la infancia: Ivana Paluch
Perro o gato: perra.
Una ciudad dónde te gustaría vivir: Punta del Este.
Vino o champagne: champagne Brut Rosé.

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Cosas de mujeres, potenciar la fuerza emprendedora femenina

La Fundación Flor, creada por Andrea Grobocopatel, impulsa talleres y redes para encontrar el propio propósito y poner en marcha un proyecto personal a medida. 

Encontrar ese potencial personal, identificar qué queremos y deseamos hacer, darle forma e impulso a una idea que nos viene rondando hace tiempo o a un emprendimiento todavía incipiente, pueden marcar la gran diferencia para muchas.

Y justamente esos son algunos de los leitmotivs del programa Cosas de Mujeres, organizado por la Fundación Flor -Fundación Liderazgos y Organizaciones Responsables- creada y liderada por Andrea Grobocopatel.

Olimpia Cruz sabe bien de qué se tratan. Con 31 años, en pareja y con dos hijas pequeñas, participó en 2019 en el programa -a través de Mujeres en Barrio 31, de la Secretaría de Integración Social y Urbana del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires- y encontró el envión que estaba necesitando.

En un impasse en uno de sus trabajos -por el nacimiento de su segunda hija y una lesión de su marido que le implicó una larga recuperación-, llegó a uno de los talleres -con su beba de unos meses en brazos- y sintió que algo en ella se activaba.

“Siempre me dediqué a tejer. Pero no me animaba a vender mis productos y tampoco nunca me puse a pensar en la posibilidad de un proyecto más grande. Nunca terminaba de armar mi idea. Solo eran pequeños encargos”, cuenta a Boleo Magazine.

A partir de las charlas de Cosas de Mujeres, llegó a la conclusión que necesitaba armar su plan con plazos  -“Paso a paso, para que no dejar a medias la iniciativa”- y que mostrar lo suyo y que eso no repercuta en una venta no es una cuestión determinante -“Me generaba miedo ofrecer mis cosas. Ahora sé que a alguien pueden no gustarle y que no tenemos que perder las ganas por eso”. También aprendió, agrega, a organizar y administrar sus ingresos.

Una de sus próximas metas es armar una marca de ropa para chicos y de accesorios tejidos. Para eso, tiene en la mira convocar y darle trabajo a más mujeres que sepan el oficio. Otra, brindar clases de tejido y bordado en su barrio. “Estoy averiguando los precios de los materiales. Las actividades manuales se indican como terapia anti estrés y para quienes están perdiendo movilidad”, resume.

Además, está armando moños con perlas, “para empezar a vender”, dice orgullosa.

“Nuestra intención es que todas las mujeres podamos ser independientes económicamente, a partir de lo que cada una sabe hacer o de su descubrimiento en estos encuentros”, apuntala Silvia Muñoz, psicóloga, coach especialista en gestión de personas, y una de las facilitadoras y encargadas del programa.

Encuentros que dejan huella

Andrea Grobocopatel, creadora y directora de la Fundación Flor; Silvia Muñoz y Liliana D’Anunzio, facilitadoras y encargadas de Cosas de Mujeres.

La propuesta de Cosas de mujeres -un programa por el cual transitaron alrededor de 250 mujeres– está articulada en tres talleres.

El primero, apunta al autoconocimiento y a romper con los preconceptos y estereotipos que nos detienen. “Trabajamos con esas frases que desde nuestra infancia venimos escuchando. Como “Vos no podés”, “No servís para esto”, “No vas a lograrlo”.  Para romper con ellas y cambiar  modelos”, completa Muñoz.

El siguiente, coordinado por Valeria Laconich, está focalizado en la inteligencia emocional financiera. “Se habla mucho de los preconceptos sobre el dinero y cómo nos vinculamos con él. También creemos que la libertad económica posibilita elecciones y salir de situaciones de violencia”, explica Liliana D’Anunzio, licenciada en relaciones del trabajo, enfocada en procesos de modelos de aprendizaje organizacionales, y también facilitadora y encargada del programa.

El tema del tercer taller es la comunicación, como punto para abrir posibilidades. Sobre un proyecto elegido entre todas, “se trabajan los resultados a distintas acciones y se observan cuáles requieren ser modificadas. Cuando las cosas no salen como esperamos, tenemos la tendencia a tirar la pelota afuera. Lo que buscamos es involucrarnos y ser protagonistas”, dice D’Anunzio.

Entre los orgullos de Muñoz y D’Anunzio, amigas y ex socias, está la diversidad en los perfiles y experiencias de quienes se acercan al programa. “Eso es fantástico. Nos permite darnos cuenta de que a todas nos pasa lo mismo. Además, nos lleva a romper barreras y a traccionar entre todas”, agrega D’Anunzio.

Sobre lo que nos falta a las mujeres para un mejor posicionamiento en el mundo del trabajo, ambas coinciden en que se trata de ayudarnos genuinamente y desde el amor, acompañarnos, sacarnos las culpas y saber pedir ayuda. “Tenemos mucha auto exigencia, creemos que tenemos que saberlo todo y demostrar más y eso puede llevarnos a boicotearnos”, agregan.

“Mi vida antes era la casa y dejar a mi hija en la escuela. Con Cosas de Mujeres, abrí mi mente, empecé a pensar a mayor escala y a confiar en lo que hago. Además, conocí a muchas otras mujeres que están en la misma” concluye Cruz, más que agradecida.

Por Luciana Fava

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LA VICTORIA DE LA TIERRA COLORADA

Victoria Yoguel nacíó en el barrio de Almagro en la Ciudad de Buenos Aires, pero sus abuelos  litoraleños dejaron huella en su ADN. Hoy, esta chica de ciudad que se formó en la FADU, Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, se mueve leve como una libélula en medio de la selva misionera gestando un emprendimiento que sueña con volar alto.

Hace trece años conocía por primera vez Misiones, por entonces era una joven estudiante de diseño textil que junto a una amiga decidieron unas vacaciones diferentes. Armaron mochilas y se lanzaron a la aventura de experimentar la selva misionera lejos del circuito turístico habitual, conectando todos sus sentidos con el paisaje, los saltos de los manantiales, la tierra colorada y su gente amable.

“Fue un viaje increíble -cuenta Victoria a BOLEO. En ese momento estaba estudiando diseño textil y continuaba investigando fibras y tintes naturales. Me llevé una bolsita con tierra colorada e hice una primera experiencia de teñido”.  Fue una simple remera el primer lienzo en blanco que sirvió a Victoria para comenzar a desarrollar su emprendimiento que llamó “Tintatierra”.

“Seguí investigando el pigmento de la tierra colorada desde lo cotidiano, cada vez me fasciné más con su poder tintóreo y con la intensidad del paisaje misionero. Poco a poco fui creando una técnica de estampado natural aprovechando los recursos disponibles, estudiando y experimentando. Tenía mucho material y empecé a organizarlo y compartirlo, así en 2017 presenté el proyecto a un concurso (Viste Rosario), no quedó seleccionado pero fue una gran oportunidad para abrirlo y definirlo como Tintatierra. En esta época una amiga diseñadora, Flor Dacal, me compartió unas telas de puro algodón chaqueño tejidas por la Cooperativa Textil Inimbó que conoció en un viaje, ahí el proyecto me terminó de cerrar desde mi propia identidad y las materias primas de la región NEA.  Luego también incorporé el verde de la yerba mate para expresar los colores más predominantes del paisaje misionero: verdes y colorados”.

La tierra que deja huella.

Ese viaje de la jovencita mochilera dejó huella en la mujer que es hoy Victoria. Con el tiempo se recibió de diseñadora téxtil en la FADU y estudió también unos años de diseño industrial. Trabajó en el INTI  (Instituto Nacional de Tecnología Industrial) investigando nuevas aplicaciones para la fibra de lana y es coautora del libro “Objeto Fieltro”.

“Siempre trabaje desde el diseño sustentable -sintetiza Victoria a BOLEO, capacitándome e investigando fibras, técnicas de estampación natural y reutilización de materiales. Paralelamente realicé talleres de poesía y de arte visual, que sin dudas, también delinearon mi proyecto. Con Tintatierra estoy integrando todos estos aspectos de mi formación y forma de ser”.

Hoy Victoria tiene treinta y cinco años, y desde hace tres junto a su pareja encararon el proyecto de mudarse definitivamente con la familia a Oberá, a la tierra colorada. Quizás como mandato de sus ancestros litoraleños o quizás por que el gris de la ciudad  es demasiado gris cuando se contrapone con el rojo y el verde de la selva misionera.

La colección de Tintatierra, es un laboratorio de experimentación constante que van de diseños textiles para accesorios de moda, hasta paneles de stand corporativos de empresas yerbateras o cortinados para las mejores casas de decoración de Buenos Aires.

“En cada estampa, -cuenta Victoria a BOLEO, siento que se integran mis abuelos maternos Sofía y Pedro, mi abuela me contaba de los paisajes de su colonia en Paraguay, muy parecido al de Misiones. Ellos me transmitieron su vínculo con la naturaleza, mi abuela era muy creativa con los tejidos, la costura y la cocina. Mi abuelo Pedro era ucraniano criado en Chaco, también me transmitió el trabajo artesanal de cosecha del algodón que él mismo tuvo que realizar de niño”.

Lejos del gris de la ciudad, Victoria escribe en colores su propia historia y tiene un sueño, “poder organizar un equipo de trabajo que sea autónomo, unidades productivas que puedan representar un trabajo digno y creativo en Misiones; y a la vez, crear cápsulas de diseño con temáticas específicas junto a otros artistas para seguir investigando la construcción de la identidad misionera, tan compleja por cierto”.

Por Griselda Lopez Viegas

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Lorena Marino, en pos del liderazgo colaborativo y emocional

Trabajó en puestos estratégicos de grandes corporaciones y ámbitos públicos, ahora está enfocada en potenciar procesos de crecimiento profesional y personal. 

Lorena Marino sabe de desafíos. Licenciada en comunicación y siempre atenta al autoconocimiento, transitó puestos estratégicos en ámbitos públicos y grandes corporaciones, y decidió centrarse en potenciar procesos de crecimiento profesional y personal.

Su camino profesional lleva varios hitos: recién recibida, comenzó a trabajar en el Banco de Crédito Argentino y siguió en el Ministerio de Justicia de la Nación; a los 28, fue jefa de prensa de INCUCAI, “una experiencia muy intensa, porque trabajás todo el tiempo con la vida y con la muerte, que me abrió muchos caminos, ahí empezó mi carrera en ascenso”.

Su recorrido continuó en la agencia Consultores en Asuntos Públicos, luego, como Gerente de comunicaciones externas de Cablevisión-Fibertel, y desde 2016 a 2019, fue subsecretaria de medios y prensa del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Ahora, está abocada a “Crear Valor Juntos”, un modelo integral que apunta a incentivar el desarrollo personal y profesional y el liderazgo colaborativo.

“En 2014, miré mi Currículum Vitae y pensé: en qué lugar podría yo aportar y qué lugar me podría aportar a mí. Me gusta que mi trabajo tenga un sentido, un valor. Siempre pienso en el ‘para qué’ y el ‘por qué’. Surgió al poco tiempo la posibilidad de ir al Gobierno de la Ciudad, con una posición muy desafiante, con dedicación full-life. Supe que ese lugar iba a ser por un tiempo y fue así”, sintetiza a BOLEO Magazine, en la charla en su casa, un día después del cierre de ese último ciclo y a punto de presentar el libro Crear Valor Juntos, publicado por Editorial Planeta, donde repasa su vida personal y profesional y detalla su método y visión para lograr cambios satisfactorios en el mundo del trabajo.

A ella, además, siempre le rondó por la cabeza la idea de empezar sus 50 con otro estilo de vida, y un tiempo antes comenzó a implementar esas transformaciones. “Yo creo que los sueños se hacen realidad. Cuando uno dirige el interés hacia un objetivo y trabaja fuerte por eso, se cumplen. Es soñarlo, pero también hacer algo para que eso suceda. Me gusta aprender y reaprender. Mi generación está signada por eso”.

El mentoring o mentoreo -como guía y acompañamiento- es una de las claves que proponés ¿En qué aspectos puede ayudar?

El mentoring o mentoreo es una herramienta de desarrollo profesional que consiste en la transferencia de experiencias, habilidades y conocimientos de un mentor a un mentee. En mí, Marcelo Nachón ocupó naturalmente ese rol. Trabajamos juntos en varias ocasiones -en su consultora, Cablevisión y el Gobierno de la Ciudad-, hacemos un tándem espectacular. Yo digo en chiste que me pulió. En 2010, descubrí el método de mentoreo gracias a Voces Vitales -una organización dedicada a promover el liderazgo de las mujeres, y traté de aplicar en mis equipos los conceptos que implica. Creo que todas las personas tenemos dones y talentos. El punto está en encontrarlos y que tengas a alguien que te ayude a descubrirlos y a empoderarte.

¿Qué es el liderazgo colaborativo?

Se da cuando se trabaja por una visión compartida, donde el aprendizaje es colectivo y no, individual. Siempre lo identifico con una cadena, donde cada eslabón es importante y está enganchado al otro y unido al siguiente. Se nutre de lo que hace cada uno, estimula la participación de los colaboradores y fomenta el diálogo. De esta forma, se va marcando el camino de las personas. Hay jefes que no dejan crecer a los otros y eso habla de su propia inseguridad. Para llevar adelante este tipo de liderazgos se necesita desarrollar líderes con buen manejo de la inteligencia emocional.

¿Por qué te parece fundamental el manejo de las emociones?

Hay líderes que están mostrando su vulnerabilidad y eso es espectacular. El futuro va a venir por el manejo de las emociones. Lo hard, el conocimiento se puede comprar. Pero la gestión de las emociones, no. Somos seres emocionales. Nos pasan cosas todo el tiempo. Cuando yo empecé a trabajar no se te ocurría contar un problema, no estaba bien visto llevar los temas personales al trabajo. Pero es positivo que un jefe sepa una situación puntual que un colaborador está pasando y eso no es hacer terapia en la oficina. Porque puede pasar que se le exija a esa persona estar al ciento por ciento y no pueda.  

¿Las empresas están receptivas a este tipo de liderazgo?, ¿Lo notan como una necesidad?  

Hay una avidez por estos conceptos. Quieren implementarlo, lo ven como una necesidad. Por un lado, estamos en una etapa de mucha incertidumbre y vueltas vertiginosas. Además, en el mundo laboral conviven actualmente tres generaciones. Los más jóvenes te interpelan, te cuestionan, buscan trabajar por propósitos; y los más grandes necesitan adaptarse a un nuevo panorama.  

¿Vamos hacia trabajos más flexibles y menos estables?  

Nada está asegurado. Las organizaciones ya no hablan de retención de talentos, consideran el tiempo que esa persona está en la compañía. Las personas no son propiedad de las empresas. También hay etapas de la vida en que alguien quiera estar en relación de dependencias y otras que no. Yo siempre decía jamás voy a ser emprendedora y un día me llegó ese deseo. Hoy quiero ser dueña de mi propio tiempo, no vivir contra reloj.

¿Sentís una liberación?

No es mi sensación. Siento que estoy en un momento de mi vida de mucha liviandad. Trabajé mucho por sacarme mochilas que tenía, trabajo mucho mi autoconocimiento. Hace un tiempo dije: ya no corro más.

Y, Lorena, fiel a sus convicciones, buscó la forma de hacerlo realidad.

 Por Luciana Fava

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El viaje de mi vida

Algunas veces la vida te da la oportunidad de encontrarte con tu historia en primera persona, sin intermediarios. Esto le sucedió a Fernanda Salerno, Gerente de Relaciones Institucionales de Coca Cola Argentina, y lo comparte con BOLEO también en primera persona.

Desde hace 4 años mi papá insistía con la idea de “casarse de nuevo” con mamá, y además pretendía que fuera en su pueblo, al sur de Italia, en Calabria, Caloveto o Calibyti como lo escriben allá. Quería que el nuevo casamiento fuera en la iglesia donde había sido bautizado y que mi hermana y yo, oficiáramos de testigos, de cortejo, en señal de consolidación de la familia que quería ir a mostrarle a la original que dejó a mitad del siglo XX.

Y para diciembre del año pasado se decidió y compró los pasajes para él y mamá, con la esperanza de que nosotras pudiéramos acomodarnos cada una con sus hijos y compromisos laborales, para dar forma definitiva al asunto. Finalmente lo logramos y a los pocos meses compramos nuestros billetes.

Ellos salieron antes, para ir a preparar todo. Desde ya que allí contábamos con la ayuda de zio Cataldo que es una especie de pater familiae pero de toda la que reside en Calopezzati y sus alrededores Mirto Crossia, Rossano, Cropalati y Caloveto, en fin, toda Cosenza. Un gestor todo terreno, un capitán de cuanta empresa se le proponga, un tío cariñoso, amoroso, dedicado y familiero.

Alicia y Serafín recién casados

Nosotras llegamos cinco días después. Mi viaje con Juli fue un viaje aparte, el de dos hermanas que por veintitantos años no habían conectado en conversaciones muy profundas porque la rutina y lo urgente se interponían todo el tiempo. Y de repente nos encontramos con 12 horas de un vuelo diurno, en plena intimidad, sin interrupciones, pedidos, reclamos o distracciones.

Cuando llegamos a Madrid comenzaba a salir el sol, así que otra vez acudimos al mate para aliviar la espera del vuelo a Nápoles, con la misma energía, la charla, las miradas, las risas, la complicidad que sólo pueden tener dos hermanas que “atesoran la historia”.

Al llegar a Nápoles, al mediodía quisimos alterar los planes de esperar cuatro horas el micro hacia el sur y alquilar un auto para salir en ese momento, pero como no pudimos terminamos esperando el ómnibus durmiendo de paradas en los cafés de la zona. Si, ya sé, la imagen es bien fea.

Tía Franca, mami, Giuseppe Tordo (esposo de Inma), papi y mi prima Inmacolata con Perla a upa

El recorrido en el micro era soñado, cada ciudad que atravesábamos tenía el apellido de algún amigo, conocido, profesor del colegio, jugador de futbol o actor cómico.

Llegamos a Mirto Crossia desesperadas por bajarnos y por abrazarnos con papi y mami, que allí eran Sera y Ali (que ahora es Lali) y en ese mismo instante nos abrazaron todos los Salerno. En cada lugar que visitábamos nos esperaba una emoción, un “reconectar” con todas las historias que teníamos fragmentadas que nos habían contado de chicas. Mi nonna Vaqui y mi nonno Chicho (Ciccio para ellos) y todas las primas, tías y tías abuelas se ocuparon de poner en su lugar cada imagen, cada recuerdo con la historia correspondiente, como en un rompecabezas.

Del altar de la catedral de Rossano con la imagen de la virgen que le dió nombre a mi nonna Achiropita que significa “no hecha por la mano del hombre sino pintada por mano sagrada”; la “lasagna al forno” un mediodía con 32° pero que fue la delicia más exquisita; la casa donde nació mi papa y el palo de escoba que sigue usando mi zia Nina para avisar desde debajo de la casa que necesita algo a su hijo que vive en el piso de arriba, tal como hacia ni nonna cada vez que paría uno de sus cinco hijos.

El casamiento fue el sábado 8 de junio a las 5 de la tarde, en una iglesia de 40mts2 con un coro de viudas locales, con la puerta abierta para que ingresaran todos los que quisieran. Cada uno de los que entró era de la familia o había jugado de chico con mi papá y quería estar presente. Leí la lectura del evangelio entre sollozos de emoción, mi hermana entregó los anillos para renovar esos votos de amor. En un momento, levanté la mirada y lo ví, ahí estaban ellos, mi papá con su cara enamorada y mi mamá desbordada de la emoción. Me encantaría que todo el mundo pudiera experimentar la sensación de sentirte en familia en un lugar remoto del mapa con gente que viste muy pocas veces o ninguna antes y que se parecen a vos, hablan como vos y te abrazan con amor y se secan las lágrimas compartiendo la alegría de un momento que todos sabemos único.

 Mis papas recien casados recibiendo el cariño de la familia

Cuando culminó la ceremonia, salimos, les tiramos confites, fuimos a brindar a la casa donde nació papá con la zia Nina (la última hermana viva del nonno) y nos fuimos a la cena en un restaurante donde seguimos festejando y comiendo “pesce frito” y cuanta delicia hecha con oliva se pueda elaborar. Cortaron la torta de la mano, brindamos, dimos todos buenos augurios, seguimos tomando, nos sacamos fotos, nos volvimos a abrazar, otra vez y otra vez.

Nos quedamos en Calopezzatti un par de días más, la luna de miel siguió en la Costa Amalfitana y después en la costa mediterránea de España. Todo soñado, aunque con hijas cuarentonas.

Si tuviera que elegir uno de los mejores momentos de mi vida, este es uno de ellos, de los más amorosos, de los que se disfrutan cuando la madurez te lo permite, cuando te amigás con tus papás y los querés tener cerca, cuidándolos, aunque ya te empiecen a contar las cosas más de una vez o los quieras matar cuando interactúan en redes sociales. Es cuando verdaderamente entendés el amor de principio a fin. Y este balance siempre es positivo.

Por Fernanda Salerno

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